La exposición Cámara y ciudad. La vida urbana en la fotografía y el cine reúne en CaixaForum Barcelona 244 obras de 80 autores, principalmente fotografías, pero también películas, realizadas entre los años 1910 y 2010.

La selección la ha realizado Florian Ebner, jefe del Departamento de Fotografía del Centro Pompidou de París, a partir de la espléndida colección de este museo, y la muestra se ha completado con numerosas obras de autores catalanes, seleccionadas por Marta Dahó. El conjunto viene a ser una especie de ensayo visual o de reflexión mediante imágenes fijas y en movimiento, fotográficas y cinematográficas o videográficas.

André Kertész, París, en verano, una tarde de tormenta, 1925. Centre Pompidou, Paris, Musee national d’art moderne – Centre de creation industrielle © RMN-GP © Centre Pompidou, MNAM-CCI/Philippe Migeat/Dist. RMN-GP.

En esta gran exposición la ciudad es considerada como un cambiante escenario con actores, ciudadanos que hicieron o hacen la historia, o que la padecieron o padecen. La reflexión tiene un alcance histórico, sociológico, antropológico-cultural, urbanístico y también artístico y estético. Abarca cien años de vida urbana, marcados por las diversas y hasta opuestas utopías de la modernidad capitalista y comunista, y por sus resultados históricos, con frecuencia decepcionantes, en ocasiones distópicos, consecuencia de reacciones, desvíos, degeneraciones y traiciones. Ese periodo -caracterizado por las construcciones, destrucciones y transformaciones veloces- es observado y representado mediante la fotografía y el cine, dos medios de expresión artística y de documentación visual que se pueden considerar como los principales y más propios del siglo XX y de nuestra época.

Pérez de Rozas, Recogida de colchones para los refugiados, 20 d’octubre del 1936. Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Ajuntament de Barcelona.

Sólo a partir de una colección como la del Pompidou se podía intentar realizar un proyecto tan ambicioso. En cuanto al resultado, quien visite esta muestra puede optar por querer ver el gran vaso medio lleno o medio vacío. Yo lo veo lleno de espléndidas fotografías, de imágenes significativas, sugestivas, bien asociadas, más que interesantes, necesarias para el conocimiento del presente y de la historia. Quienes conozcan bien la colección fotográfica del Centro Pompidou podrían reprochar, con razón, la ausencia de bastantes obras notables, pero este posible reproche carece de sentido si tenemos en cuenta que Cámara y ciudad es sólo la primera de las dos exposiciones fotográficas que han proyectado realizar conjuntamente el Centro Pompidou y CaixaForum. Su carácter marcadamente decantado hacia lo sociopolítico se debe a que esta propuesta será complementada próximamente por otra gran exposición centrada en la aventura de la experimentación con los lenguajes fotográfico y cinematográfico. Ética y estética son complementarias, y sería estupendo que en esa segunda muestra se aborden en profundidad las especificidades, analogías y diferencias de estos dos medios. Lo que permiten y ofrecen la imagen fija y la imagen en movimiento puede llegar a ser una suma complementaria.

Cámara y ciudad se estructura en diez capítulos a la vez conceptuales y cronológicos, precedidos por un prólogo compuesto por tres obras que marcan el tono general: una película de Paul Strand y Charles Sheele sobre la Nueva York pujante de 1921 contrasta con el retrato de una mujer ciega y pobre retratada  por Strand en esa misma y desigual época y con un muy posterior paisaje urbano derribado y espectral, fotografiado por Martí Llorens en la Barcelona preolímpica (1987).

Aleksandr Ródtxenko, La escalera, 1930. Centre Pompidou, Paris, Musee national d’art moderne – Centre de creation industrielle © Aleksandr Ródtxenko, VEGAP, Barcelona, 2019 © Centre Pompidou, MNAM-CCI/Service de la documentation photographique du MNAM/Dist. RMN-GP.

“La ciudad vertical” es el primer capítulo, caracterizado por imágenes que representan el orgullo constructor y tecnológico y la fe en la modernidad, la electricidad y la ingeniería. La torre Eiffel es el emblema europeo, una especie de alzado de la moderna ambición, en fotos de André Kertész (1925) o de Germaine Krull (c.1930). El capítulo “Los nuevos actores de la ciudad: de lo pintoresco a lo proletario” incluye ya versiones soviéticas de la utopía moderna: cerca de la escalera de Odesa revisitada por Alexandr Ródchenko en 1930 -que casi parece un fotograma de la onírica L’Ange (1982), de Patrick  Bokanowski-, se proyecta una película de propaganda realizada por Mikhail Kaufman (hermano de Dziga Vertov), donde la revolución aparece como una primavera tras un pasado presentado como un largo y frío invierno. En 1929 ya había claros indicios -¡esos desfiles marciales!- del futuro exterminio masivo de disidentes, pero la película es tan virtuosa -y tan superficial- como las de la propagandista nazi Leni Riefenstahl.

Pérez de Rozas, Colecta para las víctimas del fascismo, 23 de agosto de 1936. Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Ajuntament de Barcelona.

“La ciudad militante: España en los años treinta” es el capítulo más español y más catalán. En él destacan las fotos de Pérez de Rozas, sobre todo Colecta para las víctimas del fascismo (1936), protagonizada por unas mujeres esperanzadas y con actitudes luminosas que me recuerdan a un bello texto de María Zambrano sobre la proclamación de la República en España. O también el contraluz Recogida de colchones para los refugiados, así como fotos de la lucha en la calle, de Agustí Centelles.

Brassaï, Vagabungda, muelle de las Tullerías, c. 1930–1932. Centre Pompidou, Paris, Musee national d’art moderne – Centre de creation industrielle © Estate Brassai – RMN-GP © Centre Pompidou, MNAM-CCI/Adam Rzepka/Dist. RMN-GP.

En “La ciudad humanista y existencialista” encontramos imágenes de la reconciliación con la vida tras la guerra. Por ejemplo la fiesta de extrarradio fotografiada por Doisneau Los veinte años de Josette (1945), el paisaje de Edouard Boubat Primera nevada. Jardin de Luxemburgo (1955), el escupidor de fuego de Izis (1957) o la maravilla cinematográfica en color Broadway by Light (1948), de William Klein. Hay contrapuntos como la secuencia de fotos de un álbum de Joan Colom, protagonizada por una muy solicitada prostituta con pechos rampantes, o el film del mismo autor, rodado en el barrio del Raval, entonces llamado “barrio chino”.

Diane Arbus, Pareja de adolescentes en la calle Hudson, N.Y.C., 1963. Centre Pompidou, Paris, Musee national d’art moderne – Centre de creation industrielle © The Estate of Diane Arbus.

Una foto de Diane Arbus –Niño con una granada de mano de juguete en Central Park, NYC, 1962– es una de las más potentes y representativas del capítulo “La ciudad crítica”. Sigue a este “La ciudad rebelde”, con fotografías de los años sesenta y sesenta, bastantes de ellas realizadas por fotoperiodistas de la agencia Magnum fundada en 1947. Cabe destacar las imágenes de Gilles Caron sobre las luchas callejeras del Mayo del 68 en París y las de Manel Armengol en Barcelona, donde se puede apreciar que las porras antidemocráticas y anticatalanistas de 1976 se parecen bastante a las porras españolas supuestamente democráticas de los años 2017-2019.

En los cuatro últimos capítulos desciende el nivel de esta espléndida muestra, seguramente porque en ellos la aventura de la modernidad es a menudo sustituida por los simulacros de la posmodernidad y por la estética del archivo indiscriminado. Viendo la selección del capítulo “La ciudad como escenario” se podría pensar que la fotografía es un medio que se adapta a la ficción mucho peor que el cine. Pero quizá ello no sería tan evidente si en esta muestra se hubieran incluido ciertas fotografías de Sophie Calle o de Andreas Gursky, por ejemplo.

Martí Llorens, Derribo final de un edificio en la avenida de Icaria 6–8 (tríptico), 1989. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

En “La ciudad horizontal” aparece el envés del impulso constructor: el extrarradio, los descampados, los derribos. Destaca el tríptico de Martí Llorens Enderroc final d’un edifici ferroviari a l’avinguda d’Icària, 6-8, de 1989. Esta obra forma parte de la creciente y poco conocida Col·lecció Nacional de Fotografia, y me alegra personalmente encontrarla aquí, pues propuse su adquisición durante el periodo en que fui asesor de esta colección, entre 2015 y 2017.

En el capítulo “La ciudad reflexiva” me llama la atención una ausencia: la película En la ciudad (1976-1977), una reflexión colectiva en forma de suite de cortometrajes, compuesta por bastantes de los principales artistas conceptuales y cineastas experimentales catalanes y españoles de esos años (Eugeni Bonet, Eugènia Balcells, Eulàlia Grau, Miralda, Francesc Torres o Iván Zulueta, entre otros). También en “La ciudad global y virtual” echo en falta piezas más potentes, como alguna de Harun Farocki. Y la segunda mitad de la muestra habría sido mejor si hubiese incorporado otros registros más creativos, por ejemplo un capítulo dedicado a la ciudad vivida o a las ciudades subjetivas, donde podrían haber tenido cabida fotógrafos como Saul Leiter, Manel Esclusa o Humberto Rivas, entre otros. En cambio, hay otras ausencias notables en esta muestra que se justifican plenamente. Los dos grandes referentes de cine sobre la ciudad que son Berlin, sinfonía de una gran ciudad (1927), de Walther Ruttmann, y El hombre de la cámara (1929), de Dziga Vertov, no están porque se han considerado obras ya conocidas. Y también es cierto que el cine no fue concebido para ser visto de pie en una gran exposición, y menos el de largo metraje.

En cualquier caso, Cámara y ciudad es una muestra recomendable y arriesgada en su propuesta, que se distingue por su voluntad de ir más allá de los planteamientos habituales del género “street photography”. Aunque una buena y no rutinaria selección internacional de este género específicamente fotográfico podría dar también mucho juego.

La exposición Cámara y Ciudad. La vida urbana en la fotografia y el cine se puede visitar en el CaixaForum Barcelona hasta el 8 de marzo de 2020.