Más allá de la violencia, la guerra y la política hay personas que sufren, vidas destrozadas y traumas incurables. El artista turco Erkan Özgen da voz a sus historias silenciadas en una exposición en la Fundación Tàpies, producida en colaboración con la Fundación Han Nefkens.

En una coyuntura como la actual, en la que las instituciones públicas demuestran su incapacidad y sus limitaciones para cumplir con las exigencias y expectativas de los artistas, sobretodo con relación a la producción y difusión de sus obras, el papel de los mecenas se hace especialmente importante.

Erkan Özgen en la inauguración de la exposición.

Desde que en 2009 Han Nefkens decidió establecer su fundación en Barcelona, su labor de apoyo a la creación ha sido constante y se ha plasmado en colaboraciones con las principales instituciones locales. Ahora acaba de producir junto con la Fundación Tàpies, Giving Voices: Erkan Özgen, la primera exposición individual en España de este artista turco, que se ha dado a conocer por su aproximación empática y respetuosa a las vivencias de la gente común, a menudo tan sólo unas notas a pie de página en la historia de los poderosos.

 

Y es que Özgen sabe de lo que habla. No vive en París o Nueva York, sino en Diyarbakir a orillas de río Tigris, la capital de los kurdos de Turquía. Haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco no la ha salvado de los ataques del ejercito turco que redujo a escombros gran parte de la ciudad amurallada, ni de la violencia del ISIS y de los estragos del éxodo sirio.

Un dolor que se concentra en Purple Muslin, una de las dos obras producidas por Nefkens que se estrenó en Manifesta 12, en la que da voz a las más débiles de entre los débiles, las mujeres yazidíes que viven en el campo de refugiados de Ashti en el norte de Irak. Esta etnia preislámica, que profesa una de las religiones más antiguas del mundo, lleva siglos sufriendo persecuciones que han llegado a su cénit con el genocidio perpetrado por ISIS.

Erkan Özgen, Purple Muslin.

El vídeo es un ejemplo de cómo Özgen aborda los conflictos políticos y religiosos de los escenarios globales para reconducirlos a una dimensión más íntima, privada y sobretodo humana. “Özgen rescata las historias silenciadas casual o intencionadamente por el flujo de la información y utiliza el testimonio como sistema para reiniciar la memoria”, indica Hilde Teerlinck, directora de la Fundación Nefkens y comisaria de la muestra.

 

El mecenas y coleccionista holandés, siempre en busca de talentos que requieren de un empujón para emerger, conoció el trabajo de Özgen en la última Bienal de Estambul donde presentaba Wonderland, que explora el trauma de la guerra a través del relato de Muhammed, un niño sordomudo. Ver cómo explica su experiencia con todo su cuerpo y una expresividad que no deja espacio a la compasión estéril, no puede dejar frío a nadie.

 

Es probablemente la obra más sobrecogedora de las cuatro que se proyectan en la Tàpies y un contrapunto terriblemente perfecto para Aesthetic of Weapons, en la que un policía en activo revela el amor que profesa a su arma ¡Escalofriante! Sin mostrar una sola imagen de violencia, Özgen consigue que todos salgan de la muestra conmovidos o enfadados, pero aborreciendo la violencia todavía un poco más.

La exposición Erkan Özgen. Giving voices se puede visitar en la Fundació Antoni Tàpies, en Barcelona, hasta el 24 de febrero de 2019.