La obra pictórica de Margaret Keane es uno de los ejemplos de cómo, tantas veces, en el mundo de las artes, el gusto de una gran mayoría corre por un camino paralelo al canon establecido por los museos y la crítica.

Los niños y niñas con los ojos anormalmente grandes que pintaba la artista estadounidense (Nashville, 1927), estaban considerados kitsch y de mal gusto, pero inundaron galerías y tiendas de arte de los Estados Unidos, sobre todo en los años 60.

Margaret Keane, Jerry Lewis Family Portrait, 1962.

Sus obras produjeron un merchandising bestial, con postales que se vendían en los supermercados, mientras los originales eran coleccionados por personajes de Hollywood e incluso la familia Kennedy tenía obra suya colgada en casa. Mientras tanto, Margaret Keane pintaba compulsivamente, encerrada en casa, para hacer crecer un negocio cada vez más lucrativo.

Pero esta historia de éxito escondía una injusticia dramática y machista: la artista pintaba y pintaba, pero a ojos del mundo el autor de los cuadros era su marido Walter, que se dedicaba a firmar las pinturas sólo con el apellido «Keane».

És una de las apropiaciones de autoría de la obra de una mujer por parte de su marido más llamativas de la historia.

Es una de las apropiaciones de autoría de la obra de una mujer por parte de su marido más llamativas de la historia, comparable a otros casos sonados como el de las primeras novelas de Colette, firmadas por su marido Wally. Walter Keane convenció a su esposa de que las pinturas firmadas por mujeres no se vendían y, mientras él se llevaba todos los honores, ella pintaba recluida y sumisa.

Finalmente, después del divorcio y de años de batallas judiciales, la pintora retó a su exmarido a un tipo de duelo que consistía en que cada uno pintara en público una obra. Él puso una excusa y no lo consiguió, y ella realizó una de sus características obras en menos de una hora. Margaret Keane, por fin, era reconocida como autora.

Es una historia de película que Tim Burton, gran admirador de la pintora, recreó en su filme Big Eyes (2014). La influencia de la estética de Margaret Keane en el director es evidente en algunos de sus filmes como Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver y, por tanto, el mundo de Keane se adapta como un guante al personal estilo de Burton.

La banda sonora de la película incluye dos canciones de Lana del Rey, escritas expresamente para el filme, Big Eyes y I Can Fly. En el caso de Big Eyes, la cantautora otorga su habitual tono melancólico a un tema, que habla por boca de Margaret Keane y que se refiere a la deslealtad de un marido machista, egoísta y estafador. Una canción de desamor y traición.

 

Big Eyes

 

With your big eyes and your big lies

With your big eyes and your big lies

I saw you creeping around the garden

What are you hiding?

I beg your pardon, don’t tell me nothing

I used to think that I could trust you

I was your woman

You were my knight in shining companion

To my surprise

My love’s demise

Was his own greed and a lullaby

With your big eyes and your big lies

With your big eyes and your big lies

I noticed you got hot in the summer

You had no comfort

Your shirt was cotton

Your face was sunburned

You paced around like you’d been waiting

Waiting for something

Your world was burning

And I stood watching

As I looked on, the flames grew high

You watched me frown

I said goodbye

With your big eyes and your big lies

With your big eyes and your big lies

Is it me?

Was I wrong to have trusted you?

Did I see what I wanted?

What wasn’t true?

Was I wrong to go on like a little fool?

It’s amazing what women in love will do

With your big eyes and your big lies

With your big eyes and your big lies