La exposición Pintar, crear, vivir. Mujeres artistas en el Alto Ampurdán (1830-1939), en el Museu de l’Empordà, plantea una reflexión sobre los condicionantes de ser mujer creadora.

Bajo una lectura feminista asaz necesaria, su comisaria, la escritora y ensayista Cristina Masanés, ha hecho aflorar las mujeres creadoras del Alto Ampurdán nacidas entre 1830 y 1939.

Pilar Nouvilas, Título desconocido, c. 1880. Col·lecció família De Batlle.La exposición está estructurada en diversos ámbitos. Pintura y clase social: mujeres del mil ochocientos reúne a las pintoras Hermínia Massot y Pilar Nouvilas, ambas con formación particular y que, cuando se casan, desaparecen artísticamente. Está presente también, en este primer apartado, Antònia Gironès, la matriarca de los Pichot, como impulsora de la saga de artistas de su familia, con acciones visionarias como la adquisición de la península de Es Sortell –en Cadaqués–, donde sus hijos desarrollarán sus diversas disciplinas creadoras.

Paisaje de Caterina Albert.

En la habitación propia, con quinientas libras, tal como Virginia Woolf reivindicaba, encontramos a Caterina Albert, que se refería a la buhardilla donde trabajaba como su «nido», o bien a Merced Huerta, Magda Folch, Rosa Cervera, Rosa Genís , y también a Elena Paredes, que tuvo toda la isla de S’Arenella, en Cadaqués, para la creación de una obra valiente y estéticamente avanzada.

Primera sala de la exposición.

A la Educación de las chicas, se reúnen las alumnas femeninas de Juan Núñez, Ramón Reig, o Joan Sibecas, entre otros, de varias generaciones. Algunas, sin embargo, abandonaron el camino artístico cuando se casaron, como Maria Cusí, o Carme Roget. Otras, las que se formaron durante los años de la República, ya no dejaron nunca de pintar, como Esther Boix, o Dora Riera y Àngels Carbona. Esta última no se llegó a casar nunca, pero –con la ayuda de su hermana– tuvo cuidado de su primo, el matemático Ferran Sunyer Balaguer.

Mey Rahola, Alai, 1934. Col·lecció família Xirau-Rahola.

Y las Peligrosamente modernas, donde ya entramos en una dinámica vanguardista y progresista, con nombres nuevos como la fotógrafa Mey Rahola, uno de los grandes descubrimientos de la muestra, las escultoras Mary Callery, Parvine Curie, la artista visual Ritah Donagh, la pintora Ángeles Santos Torroella, o la catalizadora e impulsora de arte Gala Diakonova. Esta última, tal como indica Masanés, señalando su papel de promotora de Paul Éluard y de Salvador Dalí.

Ángeles Santos, Autorretrato, 1928. MNCARS, Madrid.

El ámbito El convento como espacio de libertad, presenta el segundo gran hallazgo de esta investigación, el descubrimiento de la primera fotógrafa de España, la figuerense Paulina Buxó; y el apartado El techo de cristal se convierte en la metáfora a la que fueron condenadas muchas mujeres, de no poder firmar, de visualizar su autoría, bajo la sombra de una figura masculina, marido, hermano o pariente cercano. Y en la exposición se materializa con la fotógrafa Maria Xirau Rumbado. Finalmente, cierra el circuito De modas y muñecas: creación y diseño industrial, con la voluntad de englobar a las mujeres que desarrollaron una tarea empresarial vinculada al diseño, con las figuras Estrella Rivas Franco y Carme Cervera Giralt.

Parvine Curie, Signe double, 1979. Galería Cadaqués-Huc Malla.

Toda la investigación tiene de trasfondo los estudios de Linda Nochlin, sobre las condiciones estructurales y las dificultades que habían sufrido las mujeres para acceder a la formación artística, y de Germaine Greer que, con la metáfora del eunuco femenino, expresaba la internalización que habían llevado a cabo las mismas mujeres de los prejuicios causados por el imaginario patriarcal. En la exposición hay una serie de ejemplos, entre ellos el de Ángeles Santos que, tal como aduce Masanés en su texto, su modernidad artística fue castrada por la figura paterna.

“Hasta hace poco, la mayoría de las mujeres de más de 30 años en el mundo del arte eran supervivientes”

A la entrada de la exposición nos recibe una frase de la crítica de arte y activista Lucy Lippard, de 1975: «Hasta hace poco, la mayoría de las mujeres de más de 30 años en el mundo del arte eran supervivientes», que revela la intencionalidad de la muestra. Masanés, en su texto del catálogo, nos desgrana una por una las dificultades que se encontraban las mujeres a la hora de crear, y los condicionantes a los que se vieron sometidas; una magnífica propuesta de reflexión.

Vista de la exposición.

Para elaborar este trabajo de investigación, Masanés ha entrado en archivos personales, ha visitado el desván y los cuartos oscuros de muchos hogares, donde la memoria de la abuela, madre, o tía, que había elaborado una serie de obras, en muchas ocasiones era captado como una especie de «divertimento» o «esparcimiento» de las tareas cotidianas. Desafortunadamente, muchas de ellas no se pudieron considerar como creadoras porqué el entorno les negaba este reconocimiento, o bien las relegaba a una estética femenina, de lo «agradable». En este sentido, Magda Folch replicó contundentemente al crítico Manuel del Arco, «El público y los críticos tratan de adivinar en nuestra obra pintura femenina, como sinónimo de débil y quebradiza, y eso es un error: en el arte no hay sexo, se hace bien o se hace mal.»

Otras que se rebelaron contra este rol, fueron las que se consideraron peligrosas, malas esposas y madres.

Rosa Soler (Pep), Els concertistes. Caricatura de Na Rosa Soler Bofill (Pep). Reproducido en la Fulla Artística de l’Alt Empordà, 01/09/1920. Col·lecció Aurèlia Guillamet Navarra.

Posiblemente, tan sólo este prisma podría permitir visualizar con toda su relevancia las obras de Paulina Buixó, la rabiosa modernidad de Mey Rahola –que traerá cola sin duda–, las obras que por primera vez se pueden ver de Pilar Nouvilas, o el trabajo de la caricaturista Rosa Soler (Pep), por citar sólo tres ejemplos bastante trascendentes. Todo ello, con una puesta en escena magnífica de Pep Canaleta, del estudio 3carme33, y un catálogo con las 31 artistas bien documentadas, diseñado por Mónica Campdepadrós, y la opinión recogida de 15 expertos y expertas. Un acierto del Museu de l’Empordà, que con este proyecto se une a las diferentes instituciones de país y de Europa para rescatar a las mujeres creadoras, como acto de restitución de memoria colectiva. Hay que seguir indagando en esta dirección, y ver con toda su trascendencia las mujeres creadoras en el Ampurdán, sin límites de comarca.

El fruto de esta muestra, y del trayecto que nos propone, nos invita a cuestionarnos sobre el entorno de las mujeres, las que se encuentran en la sala, y las que conocemos de cerca, sobre todos los obstáculos que han tenido que sortear y los que tendremos que esquivar todas juntas, en plena pandemia que aún pondrá, por qué no afirmarlo, más a prueba nuestra resiliencia para mantener sin desfallecer la actitud creativa y productiva.

La exposición Pintar, crear, vivir. Mujeres artistas al alto Ampurdán (1830-1939) se puede visitar el Museu de l’Empordà, de Figueras, hasta el 10 de enero de 2021. También se puede visitar virtualmente aquí.