La presentación de la exposición de la arquitecta ítalo-brasileña Lina Bo Bardi (Roma, 1914 – Sao Paulo, 1992), ha sido el primer evento tras el huracán que se abatió sobre la Fundación Miró, a causa de los despidos y las preocupantes noticias sobre su déficit presupuestario, la disminución de visitantes y la caída de la demanda de las exposiciones monográficas itinerantes sobre Joan Miró que produce la Fundación.

Como anunciamos, Lina Bo Bardi dibuja es una muestra correcta, incluso mejor de lo previsto, pero incapaz de generar aquel efecto llamada que la Fundación parece necesitar.

Lina Bo Bardi, Proyecto de mobiliario para la Casa Mondadori, Milán, 1945.

Esto nada quita al interés de la aproximación expositiva, que aborda sus dibujos no desde la perspectiva profesional, sino como expresión personal. Íntima y delicada, es una muestra introspectiva que requiere atención y gusto por los detalles; una muestra en cierto modo silenciosa en un mundo cada vez más ruidoso, que lo tendrá complicado para atraer los nuevos públicos que ha mencionado el director Marko Daniel en su evaluación de la situación.

Bob Wolfenson, Lina Bo Bardi, 1978. IBCV Archives.

Por su parte el comisario Zeuler Rocha Lima ha definido el dibujo como “una herramienta de resistencia al agujero negro del iPhone, a la publicidad y el mercantilismo”. Su instalación de apertura que según las indicaciones de Bo Bardi integra las obras en el espacio (y no pegadas a la pared) para enfatizar su carácter tridimensional, es especialmente lograda. Consigue plasmar la polifacética personalidad de la arquitecta, su forma de mirar el mundo, la ambigüedad de su pensamiento y su búsqueda de simplicidad y originalidad. “Amaba el teatro. Sus dibujos son como escenografías, en las que, como Brecht, no quería separación entre público y obra”, ha explicado Lima.

Lina Bo Bardi, Estudio escenográfico para la representación de Caligula en el Teatro Castro Alves, Salvador, Bahia, 1960.

A diferencia de otras mujeres de su generación, Bo Bardi estuvo siempre presente en su medio, no fue ignorada antes ni redescubierta después, ni siquiera con motivo del centenario de su nacimiento hace cuatro años cuando se organizaron muestras de su obra en medio mundo. Así que, pese al indudable interés del personaje, mujer controvertida que aun puede deparar sorpresas, será difícil que la muestra consiga generar colas.

“Miró y las exposiciones temporales deben mantener una relación simbiótica.”

Consciente de que el público extranjero visita la Fundación para admirar los miró, Daniel ha defendido el espíritu de la institución que por expreso deseo de su fundador debe trabajar con el arte contemporáneo emergente, aunque desde hace años éste quede relegado al Espai 13. “Miró y las exposiciones temporales deben mantener una relación simbiótica”, ha asegurado Daniel, que está trabajando en un rescate y un plan económico sostenible para llegar al 50º aniversario de la Fundación en 2025 con las cuentas completamente saneadas.

Lina Bo Bardi, Interior de la Casa de Vidro, São Paulo, 1951.

La “dolorosa y excepcional decisión” de despedir a siete trabajadores y no renovar el contrato a un octavo se mantiene, pero no habrá más despidos. A la espera de que termine la auditoría, el director pudo avanzar que, en 2017, el déficit fue de 199.447 euros, gracias a una aportación extraordinaria del Ayuntamiento de 400.000 euros y que, en 2018, la deuda de 655.000 euros se redujo a 290.000 euros, gracias a otro rescate del Ayuntamiento, que aporto 365.000 euros.

Actualmente quedan por recuperar 458.575 euros. Según Daniel la situación, que ha definido “extremadamente delicada”, ha sido generada principalmente por el descenso de visitantes, de 583.883 en 2011 a 352.903 en 2018, ya que la institución cubre el 80% de su presupuesto con recursos propios. Otra causa es la caída en picado de la demanda de exposiciones de Miró, que ha sido un recurso clásico de la Fundación. “Ha pasado de cinco en 2014 a ninguna en 2018”, ha dicho Daniel, recordando que “los proyectos itinerantes hay que buscarlos y trabajarlos y esto es lo que haremos”.

Otras medidas implementadas son la reducción de gastos de infraestructura, ampliación de horarios, aumento de un euro en el precio de la entrada general (13 euros), campañas de comunicación y marketing y producción de proyectos compartidos y transversales. Daniel ha insistido en hablar de futuro y ha rechazado analizar, por lo menos públicamente, los posibles errores pasados que han llevado al estado actual. También ha rechazado la posibilidad de utilizar un fondo de obra gráfica que Joan Miró dejó para que se pudieran vender en casos excepcionales. “El objetivo es equilibrar el balance, este es un déficit coyuntural, no estructural”, ha concluido.

La exposición Lina Bo Bardi dibuja se puede visitar en la Fundación Joan Miró hasta el 26 de mayo.