Ni Barcelona, ni Olot. Sabadell es el lugar de Cataluña que ha dado más pintores por kilómetro cuadrado. Y quien dice pintores, dice creadores, porque las malditas etiquetas nos obligan a dar siempre una visión sesgada de nuestro exuberante patrimonio cultural.

Fijémonos en el caso de Llorenç Balsach Grau. Podríamos adherirle un montón de etiquetas: industrial de renombre, pintor, numismático, mecenas y coleccionista, sabadellense de pura cepa… y quedarnos cortos. No por falta de etiquetas, sino porque todas estas actividades o facetas están entrelazadas, y las unas no se pueden explicar sin las otras.

Autor desconocido, Llorenç Balsach, c. 1950. Foto de carnet. Arxiu Família Balsach.

Esto lo podemos ver en el Museu d’Art de Sabadell, en la sorprendente exposición Llorenç Balsach Grau (1922-93). Industrial, pintor, col·leccionista, comisariada, precisamente, por su hija, la historiadora del arte ­–y especialista en Miró, y poetisa, y …– Maria Josep Balsach; hermana del compositor Llorenç Balsach.

Y aquí, tampoco podemos olvidar la figura de la esposa de Llorenç Balsach, María Dolors Peig i Plans (1922-2013), introductora del arte textil en Cataluña. Se casaron en 1945, y a partir de ese año, los Balsach empiezan a coleccionar pintura. Casi siempre de artistas sabadellenses o vinculados a Sabadell: Joan Vila Cinca, Joan Vila Puig, Durancamps, Feliu Elias, Camil Fàbregas, Francesc Gimeno…

Antoni Angle, Sin título, 1961. Col·lecció Família Balsach.

En 1956 le encargan a Antoni Vila Arrufat un retrato de Maria Dolors Peig. A partir de entonces, adquieren obra de compañeros generacionales: Josep Llorens, Antoni Angle, Alfons Borrell, Manuel Duque, Joan Vilacasas, Joan Bermúdez o Joaquim Montserrat.

Gabriel Morvay, Sin título, 1959. Col·lecció Família Balsach.

A raíz de un viaje a París, en 1959, Llorenç Balsach conoce al pintor polaco Gabriel Stanislas Morvay. Este artista, de gran talento pero escasas habilidades para la vida práctica, residirá gran parte de su vida en Sabadell, acogido por Balsach. Y de vuelta de París, en otoño de 1960, Balsach ayudará a financiar las actividades del grupo Gallot.

Más adelante, coleccionará obra de artistas sabadellenses jóvenes, y de amigos de sus hijos, como Antoni Taulé, Perejaume, Benet Rossell, Ramiro Fernández o Oriol Vilapuig.

Llorenç Balsach Grau, Sin título, 1958. Col·lecció Família Balsach.

Llorenç Balsach se inició en la pintura hacia el año 1956. La guerra civil había roto todo contacto con las vanguardias, y con la renovación del arte litúrgico, hacia mediados de la década de 1950, se despertó un cierto interés por el arte expresionista.

Balsach, en este sentido, recibió influencias del pintor sabadellense Fidel Trias –que había realizado murales para diversas iglesias–, de Amedeo Modigliani, de Josep Maria de Sucre, Rouault, y expresionistas alemanes como Schmidt-Rottluf o Max Pechstein. Sus dibujos del rostro de Cristo, o los retratos femeninos al óleo lo constatan.

Llorenç Balsach Grau, Sin título, c. 1958. Col·lecció Família Balsach.

En 1958 su obra da un giro radical, primero hacia la abstracción geométrica; después, sus composiciones se van oscureciendo hasta aparecer casi negras, con un fuerte componente matérico. El año siguiente irá a París, a visitar a dos amigos pintores: Antoni Angle y Manuel Duque. Allí tratará de manera asidua a Mijail Larionov y a su esposa, Natalia Goncharova.

De retorno de París, abraza la pintura gestual y se suma al grupo Gallot, integrado por Angle, Bermúdez, Borrell, Duque, Llorens, Joaquim Montserrat y Lluís Vila-Plana. Juntos, en otoño de 1960, llevarán a cabo una serie de manifestaciones de pintura de acción pública, en la galería Mirador y en la Plaza Cataluña de Barcelona, donde, en ocho minutos, pintaron una bobina de setenta y cinco metros de papel. Hay un No-Do que lo constata.

Llorenç Balsach Grau, Sin título, 1-10-1959. Col·lecció Desveus Duran.

Las actividades de Gallot dejaron exhaustos a sus componentes, que tardaron en recuperarse creativamente. Balsach aún pintará tres años más, hasta 1963, una serie de obras que irán derivando hacia un inmenso patchwork de campos de color, en paralelo a la tendencia del «color field painting».

A partir de 1964, Balsach se centra casi exclusivamente en la empresa familiar textil y en la numismática. Pintará alguna otra obra, pero de manera esporádica.

Llorenç Balsach Grau, Sin título, 1960. Col·lecció Família Balsach.

Personajes como Llorenç Balsach Grau fueron muy habituales en Sabadell: gente que compaginaba tareas profesionales, alta creatividad y mecenazgo. Un ejemplo de esta confluencia sería el edificio de Balcas, S.A. –Pere Arderiu, 1950–, que Balsach, no contento con darle un aire Bauhaus, pobló de mobiliario de Mies van der Rohe; o de su actividad pionera en el diseño de los muestrarios.

Huelga decir que esta tipología de sabadellense se extinguió hace bastante tiempo. Un simple paseo por la antigua «Manchester of Catalonia» basta para constatarlo. Esta exposición, pues, es elegía de un pasado irrepetible. Requiescat in pace.

La exposición Llorenç Balsach Grau (1922 a 1993). Industrial, pintor, col·leccionista se puede visitar en el Museu d’Art de Sabadell hasta el 23 de febrero de 2020.