21En la retrospectiva de Lorenza Böttner en la Virreina Centre de la Imatge de Barcelona, se exponen unas imágenes en la que se la puede ver vistiéndose y maquillándose.

Dos acciones muy cotidianas pero que ella realiza con una delicadeza tan absoluta que acabamos olvidando, cuando las contemplamos fascinados, que Lorenza las realiza sin las extremidades superiores.

Lorenza Böttner y Johanes Koch, Sin título, 1983.

La obra de Lorenza Böttner, artista alemana nacida en Chile, nos hace olvidar que su autora no tiene brazos y además hace que nos dejemos de preguntar si es un hombre, una mujer o una persona transgénero. Lo que de entrada puede parecer a primera vista que es la clave de la cuestión de toda su obra se termina diluyendo. También nos da igual que sea la Petra de los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92.

Böttner pone de manifiesto que todos llevamos nuestras máscaras

Lorenza Böttner (1959-1994) consiguió lo que declara en el pequeño documental que se emite en la exposición: “Quería ser aceptado de manera extrema”. La radicalidad del personaje va más allá de temas como la superación de las discapacidades físicas (o diversidades funcionales, como lo queráis decir) y de la aceptación de un cuerpo transgénero. Böttner da un paso más allá rechazando prótesis para “normalizar” su cuerpo y no sometiéndose a una operación de cambio de sexo. Es aquí donde reside su radicalidad, tanta que el paternalismo es expulsado. No la vemos como una artista valiente (aunque lo sea) sino como una artista más. Palabras tan sobadas como “resiliencia” o “superación personal” pierden todo su sentido. Por no haber no hay ni corrección política. El comisario de la exposición, Paul B. Preciado, explica que la obra de Böttner es un “himno a la disidencia corporal y de género”. Efectivamente, Lorenza Böttner está tanto al margen de los márgenes que le da la vuelta a todo.

Lorenza Böttner, Sin título, s.f.

Y a partir de aquí, podemos entrar a valorar una obra, basada básicamente en el autorretrato y la construcción experimental del cuerpo y la subjetividad. Este es un tema recurrente en las prácticas contemporáneas, sobre todo cuando se pretende hablar de género y feminismo, pero a diferencia de artistas como Cindy Sherman, que se disfraza para denunciar arquetipos culturales sobre las mujeres, Böttner se diversifica siendo siempre ella misma. En este sentido su espíritu está más cerca de la fotógrafa surrealista Claude Cahun. Hay una sala de la Virreina que justifica toda la exposición con una serie de fotografías en las que Böttner se transforma en una decena de identidades diferentes. Aunque para ser más específicos se trataría de una sola identidad desdoblada, mostrándose en toda su belleza, tanto cuando vemos una mujer elegante como a un chico con barba vestido con corbata. Incluso cuando se maquilla como un artista de cabaret, Böttner pone de manifiesto que todos llevamos nuestras máscaras.

Lorenza Böttner, Face Art, Kassel 1983.

Dibujante virtuosa, Böttner también transitó sin complejos por disciplinas artísticas muy diferentes: pintura, dibujo, performance, fotografía y danza. Siempre flexible, siempre delicada, Böttner no se recrea en laceraciones, ni en los efectos de ninguna enfermedad, como han hecho otros artistas del cuerpo desde los años 60.

Aunque ahora sea una palabra tan mal vista en el arte contemporáneo, Lorenza Böttner busca la belleza con la misma intensidad con la que cuando era pequeña, para ver de cerca unos pajaritos, se subió a una torre de alta tensión. La caída desde allí arriba le cambió la vida para siempre pero ella fluyó y voló a través del arte.

La exposición Réquiem por la norma, de Lorenza Böttner, se puede visitar en La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona hasta el 3 de febrero.