En uno de los grabados de la serie de grabados Topiary. The art of Improving Nature de Louise Bourgeois (1911-2010), una mujer empuja con fuerza desde dentro, el tronco de un exuberante árbol.

En otra obra gráfica de la imponente artista francomericana, Bourgeois recrea el tema de la maternidad dibujando a una madre y su bebé, desnudos, vulnerables, al pie de una escalera. A pesar de que la escalera es muy empinada y alta, la impresión es que, superando todas las dificultades, madre e hijo, llegarán hasta lo más alto algún día. Supervivencia y vulnerabilidad, pero también coraje y libertad. Este es el mensaje que rezuma toda la obra de Bourgeois, para mí uno de los mejores artistas del siglo XX, hombres y mujeres incluidos.

Básicamente conocida por su obra escultórica, Bourgeois, en cambio, fue una gran grabadora, sobresaliendo en todas las técnicas de impresión, pero sobre todo en la punta seca. Lo podéis comprobar en la galería Marlborough de Barcelona, que expone estos días una veintena de grabados realizados entre 1988 y 2005.

Poca diferencia hay entre los temas que el artista plasma en sus grabados y en sus esculturas. El mundo de Bourgeois es tan personal que la convierte en una de los artistas menos etiquetables de la historia. Sí, hay un poco de surrealismo, tal vez, pero poco más. Bourgeois es Bourgeois, y ahora que está tan de moda el género de la autoficción, se puede decir que ella es la inventora más potente de la autoficción visual en el sentido contemporáneo del término.

Bourgeois sublima sus inseguridades a través de un alter ego felino.

Los traumas infantiles y adultos de la artista, las dificultades por el hecho de ser mujer, las relaciones familiares y con los hombres, una sexualidad vulnerable y a la vez motor vital, todo ello aparece en los grabados de Bourgeois. El dolor está en la Madeleine que grita, en una referencia muy clara a la Dora Maar llorando de Picasso. Bourgeois sublima sus inseguridades a través de un alter ego felino, la gata sensual y con zapatos de tacón, Champfleurette. Bourgeois, que se crió en una casa llena de animales, diseñó una especie de bestiario contemporáneo, donde los gatos y las arañas -símbolo de maternidad- son grandes protagonistas.

La fragmentación de los cuerpos aparece en los grabados de la serie Topiary. The art of emproving nature, mientras que en Eight in bed, la única de las obras en color de la exposición, representa una escena de poliamor pero con mucha ironía. Y es que la mirada pícara de la ya anciana Bourgeois, aquella que muestra en el célebre retrato que le hizo Robert Mappelthorpe con la escultura de un gran pene bajo el brazo, sobrevuela por encima de la exposición de una creadora que utilizó el arte para afianzar, en sus palabras, su “determinación para sobrevivir a cualquier nivel por frágil que éste sea”.

Louise Bourgeois grabados: Anatomía de una artista se puede visitar en la Galería Marlborough, Barcelona, hasta el 6 de abril.