Ya hace tiempo que estudiosos y estudiosas de la historia de la fotografía siguen los pasos de las primeras mujeres que, entre 1840 y 1845, con la aparición del daguerrotipo, se iniciaron en esta técnica y difundieron, a través de la fotografía ambulante, un fenómeno histórico sin precedentes.

La prensa de la época se convierte en testigo de la existencia de estas pioneras y, en algunos casos, ha permitido dibujar un mapa cronológico bastante preciso de sus idas y venidas por la geografía peninsular. Sin embargo, hasta ahora no se conocía ningún daguerrotipo que, bajo su autoría, hubiera sobrevivido el paso de los años.

Retrato al daguerrotipo realizado por Madama Fritz, h. 1843-1845.

Trachsler Fritz, conocida como Madama Fritz, fue una de las primeras mujeres daguerrotipistas que ejerció en nuestra casa y de la que, actualmente, se tiene constancia documental. Fue una mujer viajera de origen suizo –como ha descubierto recientemente el historiador Jep Martí– que, entre 1843 y 1845, recorrió España y Portugal haciendo paradas en Barcelona, Reus, Madrid, Córdoba, Cádiz, Valencia y Lisboa.

Los periódicos locales anunciaban el emplazamiento que se convertiría, por unos días, el estudio de la daguerrotipista.

Fritz llevaba una vida itinerante que le hacía moverse de un lugar a otro según la ley de la oferta y la demanda. Los periódicos locales, que eran una fuente de gran difusión, se hacían eco de este nuevo invento aparecido sólo tres años atrás y, por petición de la daguerrotipista, anunciaban su llegada, la duración de su estancia, así como el precio, el horario y el emplazamiento que se convertiría por un días en su estudio.

Anuncio en el diario El Imparcial, de Barcelona, el once de mayo de 1843.

Fritz instalaba su laboratorio portátil en puntos céntricos y elevados de las diferentes capitales que iba pisando. De hecho, durante su estancia en Barcelona, se alojó en la Gran Fonda Oriente, situada en la Rambla y inaugurada poco tiempo antes. Aún así, Madama Fritz no fue la única que se instaló en este hostal de Ciutat Vella. En abril de 1845, el también daguerrotipista Voelker, de origen alemán, se albergó y, según se cree, utilizó la azotea del edificio para colocar su estudio provisional. La Fonda Oriente se convertiría, así, en el lugar idóneo donde estos nuevos fotógrafos recibirían a sus clientes.

Con todo, un aura de misterio y atracción ha ido envolviendo estos primeros años de la fotografía, en los que muy pocas mujeres se entregaron a un modus vivendi independiente y nómada.

Retrato al daguerrotipo realizado por Madama Fritz, h. 1843-1845.

Hace unos meses, sin embargo, aparecieron en manos de un coleccionista de Barcelona una pareja de daguerrotipos con un marco dorado de época que retrataban, por separado, y sin rastro aparente de autoría, a un hombre y una mujer. Aparentemente, no había nada de excepcional; tan sólo eran una muestra, como tantas otras, de este procedimiento de mediados del XIX.

Al destapar el reverso de uno de los daguerrotipos, sin embargo, el propietario descubrió una etiqueta donde se podía leer, en un juego tipográfico propio de la época: «Retratos al daguerrotipo coloreados y sin serlo. Desde la sexta parte del grandor natural hasta la más mínima dimensión. Los hace a precios muy equitativos UNA SEÑORA».

Esta señora era Madama Fritz quien, en aquellos años, se presentaba a la sociedad con estas palabras. Por primera vez aparecía una fotografía suya firmada que coincidía con su estancia en Barcelona entre 1843 y 1845. Es, pues, a fecha de hoy, la primera fotografía hecha por una mujer en nuestra ciudad.

En esta ocasión, contradictoriamente, el reverso sobrepasaba el interés de los personajes fotografiados y el paratexto, que hasta ahora se había mantenido oculto, salía a la luz para reencuadrar los parámetros de la historia. Madama Fritz había sido escondida por el marco, por la pared del tiempo y por los antiguos propietarios de los daguerrotipos que no sabían que sus familiares, un día, decidiéndose a probar la novedad fotográfica, fueron retratados por una de las primeras mujeres fotógrafas de Barcelona y contribuyeron así a la reconstrucción de un relato historiográfico, pero también de género.