De Mela Muter (nacida en Varsovia en 1876 con el nombre de María Melania Klingsland y casada con el escritor Michel Mutermilch) conocíamos la historia de su vida, y ya nos gustaba. Ahora conocemos su pintura.

Una exposición en el Museo de Arte de Girona nos aproxima a la obra pictórica y escrita de esta artista polaca, que dejó huella en la Girona de principios de siglo.

Retrato de Mela Muter con un grupo de artistas polacos en Barcelona. De izquierda a derecha: Witold Gordon Jurgielewicz, Elie Nadelman, Leopold Gottlieb, Mela Muter y Michal Mutermilch, 1912. Fotografía: Francisco Serra. Ajuntament de Girona. Achivo Biblioteca Rafael y María Teresa Santos Torroella (fondo Galerías Dalmau).

Una primera exposición, también en Girona, nos la hizo descubrir en 1994. Desde entonces sabíamos que, en la Polonia de finales de siglo XIX, Mela Muter fue pionera en dedicarse profesionalmente a la pintura. Sabíamos que a los veinte y cinco años llegó a París para quedarse. Y también que la calidad de su pintura y el hecho de ser una mujer «que pintaba como un hombre», como se dijo, la situaron muy bien en la prensa. Sabíamos que, en 1914, había realizado una estancia en Girona que impactó. Desde entonces, y como Eva Vázquez escribía hace cuatro años, «el mito gerundense alrededor de Mela Muter no ha tenido aún la atención que se merece».

Mela Muter, Retrato del pintor Leopold Gottlieb, c. 1908-1911. Private collection, Barcelona.

La exposición en el Museo de Arte de Girona viene a resolver una deuda pendiente. Gloria Bosch y Susanna Portell, junto con el historiador del arte polaco, Artur Tanikowski, han conseguido reunir casi sesenta cuadros de Mela Muter, de colecciones y museos de París, Berlín o Varsovia.

Mela Muter y los artistas polacos en Cataluña hace hincapié en el vínculo Cataluña-Polonia, con obras de otros artistas polacos de vanguardia que estuvieron presentes en la exposición en 1912 en las Galerías Dalmau, con los que Mela Muter se relacionó: Leopold Gottlieb, Elie Nadelman, Olga Bozanaska o Eugene Zak.

Mela Muter, Retrato del marchante Josep Dalmau, 1911. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

Recomendado por Anglada-Camarasa, en 1911 el galerista de vanguardia Josep Dalmau fue a ver Mela Muter en París para llevar su obra a Barcelona: 33 cuadros en una exposición individual. «Una gran sorpresa me esperaba al volver a París: la visita del propietario de una galería de cuadros de Barcelona». Como en París, también en Barcelona, la intensidad pictórica de Mela Muter y la fuerza de su postimpresionismo y expresionismo fue capaz de convencer incluso a la contención novecentista.

su elegancia y sus maneras dejaron en estado de choque una ciudad provinciana

El año siguiente, volvió a exponer en las Galerías Dalmau, esta vez con 14 artistas polacos. Oros, Junoy y Folch i Torres hicieron buenas críticas, a ella y a su país de origen: “la heroica tierra hermana nuestra”, publicaba La Veu de Catalunya en mayo de 1912.

Mela Muter, El Onyar en Girona (Cerca del río), 1914. Museu d’Art de Girona.

Pero Muter volvió a Cataluña. En 1914, poco antes de que Europa entrara en guerra, realizó una estancia de dos meses en Girona, donde su elegancia y sus maneras dejaron en estado de choque una ciudad provinciana. Muter fue de las primeras en mirar con ojos modernos el barrio viejo de la ciudad, a pintar delante de un caballete en la calle y en caminos, y a debatir y a compartir opinión en el Café Norat con los más avanzados, como Miquel de Palol, Rafael Masó, Xavier Montsalvatge y Joaquim Pla. Estos dos últimos aseguraban, de los paisajes de Muter, que “su luz cantaba”.

Viajera y curiosa, de Muter nos iluminan sus libretas de notas y sus memorias comentando su trabajo, los paisajes que conoce y la gente que observa y luego retrata. Aunque leemos: «No, no hago retratos psicológicos», su lirismo feroz contiene una gran densidad humana. La fuerza se la lleva el gesto, la expresión y el lugar desde donde miran sus personajes pintados.

Mela Muter, Mercado de Amer, 1914. Collection of Marek Roefler. Foto: Marcin Koniak.

Muter pinta maternidades de una manera insistente, pinta grupos de niñas que nos observan con una mirada terriblemente adulta, pinta las tres edades de la vida en una reinterpretación de la sagrada familia en la que San José ha sido desplazado al fondo de la escena, y pinta una vejez abatida.

Mujer, polaca, judía, socialista y pintora en la Europa de las dos guerras mundiales, Muter vivió la ocupación alemana de Francia escondida en Aviñón. Poco tiempo después de conseguir el divorcio, perdió el único hijo y también a su compañero, el historiador y político Raymond Lefebvre. Después se quedó sin vista hasta que una operación de cataratas le permitió volver a la pintura. Cuando murió, a los noventa y un años, dejó la única obra que tenía a la asociación SOS Villages d’Enfants.

Mela Muter, Dos viejos, c. 1902. Jankilevitch Collection.

Observadora atenta y cronista de su tiempo, aunque la exposición en el Museo de Arte de Girona ya muestra una cata significativa  de la Mela Muter escritora, el 14 de diciembre se inaugura una segunda exposición en Les Bernardes, de Salt. Las libertades perdidas documenta la relación epistolar entre Mela Muter, Raymond Lefebvre, y el poeta y amigo Rainer Maria Rilke. La esperamos.

La exposición De París a Girona. Mela Muter i els artistes polonesos a Catalunya se puede visitar en el Museo de Arte de Girona hasta el 23 de abril de 2019.