Si pretendemos conocer Cataluña, no podemos obviar sus raíces medievales. Y uno de los mejores lugares para conocer la cultura artística y material de Cataluña se encuentra en el Museo Episcopal de Vic (MEV).

El MEV es, a la vez, medieval y digital. Hunde sus raíces en 1891, en plena Renaixença, cuando un grupo de intelectuales y clérigos de Vic se organizaron para recuperar el patrimonio artístico del territorio. Y se renueva en 2002 con la inauguración de un nuevo edificio, de los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milán, ambos formados en el taller del genial José Antonio Coderch. No se trata de uno de esos edificios emblemáticos destinados a convertirse en iconos de postalero o imanes de nevera, sino de una mole de geometría irregular, inspirada en los grandes palacios catalanes de época moderna, exclusivamente al servicio del contenido.

La Noche de los Museos 2019 en el MEV.

En el MEV hay numerosas colecciones, pero las más destacables por su singularidad y calidad son las de arte románico, gótico y textil. Pero con buenas, excepcionales piezas de arte, no es suficiente. Hay que saber explicar la colección, en los detalles de cada obra, y en el contexto en que cada cual ha sido creada.

No estaría de más que conociéramos un poco el Nuevo Testamento y la vida –y milagros– de algunos de los santos y mártires más habituales en Cataluña. Más allá de la fe de cada cual, se trata de un ejercicio básico de conocimiento que nos ayuda a entender mejor la cultura a la que pertenecemos. En todo caso, las breves explicaciones al lado de cada obra expuesta son suficientes para entender qué estamos viendo.

Pero lo que convierte el MEV en un ejemplo a imitar, dentro del panorama museístico catalán, es su web. En la sección Colecciones encontraremos todas y cada una de las obras explicadas con más detalles que en sala, con breves vídeos muy bien realizados, y una «gigafoto» de la pieza que nos permitirá verla bastante ampliada.

En el apartado Mi MEV podremos organizar una visita a medida con audioguía –y llevarla encima, en nuestro móvil–, escoger tres recorridos recomendados por los conservadores del museo –Obras maestras, El museo en 45 minutos o un Tour virtual 360º–, o incluso escoger alguno de los numerosos recorridos diseñados por los usuarios. Sinceramente, si alguna vez alguien tiene que diseñar la didáctica de un museo, es muy aconsejable inspirarse en esta magnífica iniciativa.

Mestre d’Erill, Descendimiento de Erill la Vall, primera mitad del siglo XII.

El espacio del museo está a servicio de las piezas. Al inicio del recorrido, el visitante se encuentra cara a cara con el Descendimiento de Erill la Vall, un conjunto escultórico de madera de la primera mitad del siglo XII. Estamos ante una obra excepcional: no se conservan muchas esculturas de tamaño monumental, en el arte románico catalán, ni el arte de la época era tan expresivo en mostrar el dolor, el pathos, de los personajes representados. Por otra parte, las figuras están articuladas, lo cual hace suponer que estas esculturas eran utilizadas en dramas litúrgicos. Este conjunto fue descubierto, en desuso, en 1907, en una iglesia de la Vall de Boí. La parte principal del conjunto fue adquirida en el mercado de anticuarios por mosén Gudiol, conservador del MEV, en 1911. Dos figuras más, la Virgen y San Juan, fueron adquiridas por el coleccionista Lluís Plandiura y se encuentran actualmente en el MNAC, de Barcelona.

El cuerpo de Cristo, inerte, derrotado; el ladrón Dimas, muerto con la lengua fuera; Nicodemo descuelga el Cristo mientras José de Arimatea sostiene el cadáver. Aún hoy percibimos el dolor y la resignación de la escena…

Talleres de la Seu d’Urgell, Pintura mural con la escena de la Santa Cena, 1242-1255.

Una Pintura mural con la escena de la Santa Cena (1242-1255) explica muy bien la transición entre la tradición tardorrománica y el primer gótico lineal. Cristo, en el centro, de cara al espectador, celebra la eucaristía, el acto sobre el que se centra la liturgia cristiana. A su lado, de acuerdo con los evangelios, san Juan reposa la cabeza. El único personaje que da la espalda al espectador, como no, es Judas, el traidor, que recibe el pan de la mano de Jesús. Una composición delicada.

Patio gótico del MEV.

Sin que ello signifique una crítica hacia otros museos que exponen grandes retablos de una manera poco adecuada, la sala 8 del MEV nos permite estudiar de cerca, y también desde una distancia elevada, una pieza de primera magnitud: el Retablo de advocación franciscana (1414-1415), de Lluís Borrassà.

Lluís Borrassà, Matanza de los Inocentes. Detalle del retablo de advocación franciscana, 1414-1415.

Este retablo de Lluís Borrassà es una de las obras maestras de la pintura europea del primer gótico internacional, caracterizado por una estética naturalista basada en el dinamismo y el uso de pigmentos de colores muy vivos. Este naturalismo destaca, por ejemplo, en la violenta escena de la matanza de los inocentes, donde los cadáveres de los bebés forman un siniestro montón.

Bernat Martorell abandera la segunda etapa del gótico internacional.

Curiosamente, la muerte de Lluís Borrassà en 1425 coincide con el inicio de la actividad artística de Bernat Martorell. Martorell abandera la segunda etapa del gótico internacional, con menos gesticulación y un clima más sereno que refleja un humanismo incipiente. Se nota la influencia de la pintura flamenca.

Bernat Martorell, Escenas de la vida de san Juan Baptista, 1427-1437.

Hay en el MEV compartimentos de un retablo con escenas de la vida de santa Eulalia, y una predela con escenas de la vida de San Juan Bautista, de Bernat Martorell, procedentes de la catedral de Vic. Martorell es un poeta del horror. Y lo podemos constatar en imágenes tan impresionantes como esta: la adolescente santa Eulalia muere en la cruz mientras la nieve cubre pudorosamente la mitad inferior su cuerpo. O esta otra: Salomé lleva en una bandeja la cabeza del Bautista mientras, al lado, un soldado acaba de decapitar el último de los profetas. Ni Tarantino lo hubiera resuelto mejor.

Las colecciones, pero sobre todo el buen trabajo del equipo del museo, han conseguido que el arte catalán de otros siglos, en el MEV, nos hable sin pátina ni intermediarios. La tecnología, aplicada a los museos, a menudo es un espejismo y un pozo sin fondo de recursos. En Vic lo han entendido y la utilizan de manera sabia, conscientes de que todas estas herramientas, sin pedagogía, son fuegos de artificio.