Fuera hace una tarde soleada y muy tibia de sábado, pero estamos inmersos en la oscuridad de la sala de CaixaForum Barcelona donde se proyecta la videoinstalación Turbulent, de la artista iraní Shirin Neshat, dentro de la exposición Poéticas de la emoción.

En una pantalla un cantante entona las notas de una canción tradicional sufí ante un público formado por hombres. Cuando el cantante finaliza su actuación, la atención se traslada hacia otra pantalla y una mujer vestida de negro, la cantante Sussan Deyhim, lanza un canto impresionante, en un auditorio vacío. Denuncia poética a la situación de la mujer en Irán, donde las mujeres no pueden cantar en público ni grabar un disco, explica la guía de la microvisita de la exposición. El silencio del grupo es sepulcral. La emoción de la magnífica pieza de Shirin Neshat ha llegado, sin duda, al grupo que se ha añadido de forma espontánea a la visita.

Microvisita a la exposición Poéticas de la emoción. Foto: Montse Frisach.

Las microvisitas a la exposición Poéticas de la emoción, que cada fin de semana se ofrecen en CaixaForum, son una manera sencilla y fácil, sin reserva y sin ningún coste adicional, de acercarse al arte contemporáneo y descubrir con detalle muchas de las piezas de la exposición. Poéticas de la emoción, comisariada por Érika Goyarrola, es una exposición en la que dialogan obras de todas las épocas para mostrar cómo han sido representadas las emociones en muchos momentos de la historia del arte. Es una exposición que habla por sí misma, nada críptica, pero el servicio de mediación de la muestra, con las microvisitas de 20 minutitos, da claves nuevas a los visitantes de fin de semana y festivos que lo deseen.

Es en la entrada de la muestra donde la guía, Cèlia Prats, vestida de negro y con una chapa con un signo de interrogación que deja bien claro que está disponible para preguntas, espera que se forme el grupo que inicia la  microvisita. El aviso que está a punto de comenzar el recorrido guiado se ha anunciado por los altavoces de CaixaForum. Se acerca primero tímidamente un padre y su hija de unos diez años, que mantendrá una atención de lo más aplicada durante toda la visita. Después viene una pareja y más tarde se irán añadiendo otros visitantes.

“¿Qué es una emoción?”, pregunta Cèlia al grupo para romper el hielo.

El inicio de la exposición es bastante explicativo de cómo el arte ha estado interesado siempre en representar la fuerza de la emoción en los seres humanos. “¿Qué es una emoción?”, pregunta Cèlia al grupo para romper el hielo. Tres piezas extraordinarias expresan dolor y tristeza, casi del mismo modo, a pesar de ser de épocas diferentes: la tabla gótica Plañideros; el Fragmento de calvario con seis personajes, de finales del siglo XV; y el video La mar silenciosa (2002), de Bill Viola. El ser humano no ha cambiado y la expresión del dolor tampoco. La visita continúa con video Estoy demasiado triste para decírtelo (1971), un primer plano del artista Bas Jan Ader llorando. En la siguiente sala, los visitantes se muestran especialmente interesados por las fotografías, que parecen dibujos, de la soledad en el paisaje de Carla Andrade y se sorprenden cuando la guía les explica que los dos relieves en bronce encerado en negro de Günther Förg pesan media tonelada cada uno, lo que ha obligado a reforzar la pared para poder colgarlos. La microvisita acaba ante un óleo de Miró, las fotos de Colita y el video Birthday, de Iván Argote, que hablan más de celebración y alegría, en contextos diferentes.

Las microvisitas son diferentes cada vez ya que los guías las adaptan al perfil de los visitantes y a las preguntas que hacen. En esta visita, no ha habido demasiadas preguntas. “Otros grupos son más habladores y entonces, en función del diálogo que se establece los temas pueden ir cambiando”, nos cuenta la guía. También se adapta la visita al hecho de que haya público infantil. Cèlia, por ejemplo, no se ha detenido expresamente ante la obra de Gina Pane, unas duras fotografías que muestran las autolesiones del artista para denunciar la violencia cotidiana.

La guía se queda en las salas para atender las preguntas de todos los visitantes y espera que llegue la hora del próximo pase. A la salida de la sala de la pieza de Shirin Neshat, dos mujeres habían lamentado haber descubierto la visita cuando ya estaba comenzada pero ahora se quedan para asistir a la próxima y disfrutar del recorrido completo.

Microvisitas a la exposición Poéticas de la emoción. CaixaForum Barcelona: A las horas en punto. Sábados de 16 a 20 h. Domingos y festivos, de 11 a 14h y de 16h a 20 h. Hasta el 19 de mayo.