Después de 16 años sin exponer en la galería Senda, Antoni Miralda (Terrassa, 1942), recientemente galardonado con el Premio Velázquez de artes plásticas, muestra en esta sala barcelonesa obra relacionada con tres de sus proyectos ceremoniales en Nueva York, Miami y Barcelona.

Miralda es el artista maestro de ceremonias por excelencia. El artista que ha sofisticado y al mismo tiempo ha convertido en lúdica y popular la performance a gran escala. Arte colaborativo, arte participativo, arte que desfila por la calle y que traspasa las paredes de museos, centros de arte y galerías para acabar implicando muchos sectores de la sociedad. Miralda hace décadas que se dedica al arte participativo mucho antes de que toda esta manera de trabajar “en red”, como a él le gusta llamarla, estuviera en boca de muchos artistas.

Si el resultado de los proyectos de Miralda suele ser espectacular, no lo es menos tener acceso a su proceso de trabajo. Se puede comprobar en la exposición de la galería Senda, centrada en tres proyectos concretos con sus bocetos previos, objetos-reliquia de las acciones, fotografías y vídeos. Un letrero luminoso sobre la puerta de la galería, en la calle, va anunciando algunos de los “productos” que aparecen en un momento u otro de la exposición. “Tal vez la gente desde fuera pensará que aquí vendemos boniatos o piñas, pero ya me está bien”, bromea Miralda, siempre acompañado por su inseparable pareja y colaboradora Montse Guillén, y con una energía envidiable a sus 76 años.

Empezamos por el proyecto más reciente, Santa Eulalia. 175, un proyecto inaudito porque fue un encargo de una empresa privada, la histórica tienda de moda del paseo de Gracia barcelonés, con motivo de su 175 aniversario. Miralda organizó el pasado mes de abril una larga procesión que iba desde el Pla de la Boqueria, donde estaba la sede histórica de la tienda, hasta la sede actual del paseo de Gracia. Se implicaron más de 150 alumnos de teatro, danza y diseño, portaestandartes, 80 músicos y un centenar de invitados que hicieron una peculiar peregrinación por el centro de la ciudad. “Pude elegir en el archivo de la empresa y de ahí pude extraer imágenes para elaborar los estandartes. A partir de patrones, la arquitectura del traje, hice la parte posterior de los estandartes. Al final del desfile, se proyectó en la fachada del edificio de la tienda, la imagen de Santa Eulalia, mártir que fue crucificada y que, según la leyenda, cuando murió, cayó una gran nevada. En la acción representé con todo de papelitos que iban cayendo sobre el público con refranes en catalán que incluyen palabras relacionadas con el mundo del textil. Esto me toca muy de cerca porque en mi ciudad natal, Terrassa, la industria textil hizo crecer la ciudad”.

El proyecto de Miami, The Last Ingredients, en cambio, se basa en uno de los pilares fundamentales de la obra de Miralda: la comida. En este caso, la procesión, en 2016, recorrió una de las avenidas principales de Miami Beach, con un banquete público ofrecido por food trucks a partir de siete ingredientes fundamentales de la dieta simbólica de los indígenas del sur de Florida, desde el maíz hasta la carne de cocodrilo, pasando por la piña, los palmitos y el pavo. “Son ingredientes que han ido perdiendo su potencial. Era hacer, en cierto modo, un trabajo de memoria histórica. Además, los food trucks están prohibidísimos en esta zona de Miami porque es una zona muy turística donde se concentran muchos restaurantes. Pedimos la colaboración de un chef de restaurante de primera categoría para elaborar la cocina callejera. Creo que esta mezcla es un elemento de reflexión interesante”.

Antoni Miralda en la galería Senda.

Y ahora que se acaba de retirar el monumento a Colón en Los Ángeles, es apropiado revisar el proyecto más antiguo de la exposición, Apocalypsis Lamb, un desfile realizado en la 5ª Avenida de Nueva York en 1989 y en Barcelona en 1995, paseando la colcha nupcial de 18×15 m. de Honeymoon, la boda entre Colón y la estatua de la Libertad, uno de los trabajos más recordados de Miralda. La gran colcha, con la gran figura del cordero del Apocalipsis que aparece en las pinturas del ábside románico de Sant Climent de Taüll, está en los almacenes del MNAC pero volverá a colgarse en la Sala Oval del museo del 3 al 7 de abril, como ya se hizo en 1995 con motivo de la exposición Agnus Dei, sobre la influencia del románico en el arte contemporáneo, comisariada por Pilar Parcerisas. “Ya era hora que se volviera a alimentar el cordero”, dice el artista.

Miralda encuentra muy estimulante que parte del proyecto de la boda de Colón y Miss Liberty se active de nuevo. Recuerda como durante la ceremonia matrimonial en Las Vegas “ya hubo manifestaciones de grupos anticoloniales alrededor y eso es fantástico porque el arte debe servir para este tipo de reflexiones”. Desde sus soldaditos de juguete a principios de su carrera al mismo proyecto Food Cultura, la obra de Miralda tiene un componente político muy fuerte pero siempre desde la metáfora y a menudo desde el sentido del humor. “Una obra no puede dejar de ser política pero me interesa explicar las cosas desde la deformación”, asegura.

Por otra parte, para Miralda, implicar a tanta gente en sus proyectos ya es parte crucial de su forma de trabajar y también que las obras lleguen de manera directa a la gente. “Me gusta saber cosas como que alguien, por casualidad, topa con un desfile mío, no sabe qué es, lo pregunta y termina interesándose por mi obra. En este sentido mi obra tiene muchos niveles, que implica a personas con preparación intelectual y artística pero también a los que no la conocen. No pienso renunciar al componente lúdico y festivo de mi trabajo porque cuando eres artista, tienes que regalar cosas. El arte no sólo se trata de hacer negocio o vender obras en una galería”, concluye.

La exposición Miralda. Tres projectes (NYC-MIA-BCN) se puede visitar en la galería Senda, de Barcelona, hasta el 5 de enero de 2019.