En 1989, una gran oveja de color turquesa, rosa y plata con siete ojos circuló por la Quinta Avenida de Nueva York. Era un tapiz transportado por noventa personas de una manera tan ingeniosa como sencilla: el tapiz tenía unos noventa agujeros por donde las personas que lo llevaban se asomaban.

Caminaban cubiertos por esta figura apocalíptica, el cordero con el que la tradición cristiana simboliza el sacrificio de Cristo por la humanidad. Una acción colectiva que ha dejado imágenes singulares: noventa y una cabezas, si contamos la del animal, caminando al mismo compás por las calles de la ciudad de la Estatua de la Libertad.

Miralda, Cordero de purpurina, 2018.

La acción venía firmada por Miralda, este artista nacido en Terrassa que en 1971 aterrizó en Nueva York para inventarse una nueva forma de acción artística que fusiona el ritual colectivo, la fiesta y el simbolismo universal de la comida. Entre las múltiples acciones participativas orquestadas por este maestro de ceremonias artísticas, uno de los proyectos con más proyección internacional fue su Honeymoon Project, que celebraba la boda imaginaria y simbólica entre la Estatua de Colón de Barcelona y Miss Liberty de Nueva York.

 

En el marco de Honeymoon Project, entre 1986 y 1992, Miralda logró implicar a numerosos colectivos de ciudades de todo el mundo como Venecia, París, Tokio, Nueva York, Las Vegas y Barcelona, entre otras, en más de cuarenta acciones en torno a los diferentes momentos asociados a la boda. El noviazgo, los anillos, los vestidos, la celebración… y la colcha. El Cordero del Apocalipsis es la colcha proyectada por el artista para su boda monumental.

Maestro de Taüll, Arco del Cordero apocalíptico de Sant Climent de Taüll. Detalle, c. 1123. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

El tapiz mide 18 m de largo y 15 de ancho y reproduce la imagen de la oveja de las pinturas murales del ábside de Sant Climent de Taüll, con sus siete ojos y su carga simbólica. Como el maestro de Taüll, a Miralda también le fascina el número siete, de ahí que, cuando proyectó la colcha para esta boda imaginaria, seleccionó la figura de Taüll. Si en 1989, el tapiz-colcha circuló por las calles de Nueva York; seis años después, en 1995, lo hizo por las calles de Barcelona. Fue entonces cuando se expuso en el Museu Nacional d’Arte de Catalunya, que conserva entre su extraordinaria colección de arte románico las pinturas murales de Taüll, con el cordero del apocalipsis y su mirada múltiple. La instalación formó parte de la exposición Agnus dei. El arte románico y los artistas del siglo XX, que celebraba la apertura de las salas del románico. A raíz de la instalación, la obra de Miralda se incorporó a la Colección del museo.

Un happening planteado como una celebración pagana.

Casi veinticinco años después, el artista vuelve a instalar la colcha gigante en la Sala Oval del museo. Una instalación, con performance incluida, que se podrá visitar durante cuatro días (sólo cuatro!): del 4 al 7 de abril. De hecho, la obra se desplegará durante un ceremonial público, un happening planteado como una celebración pagana. Pensado para que Miralda llegue a las nuevas generaciones, junto a su Cordero del Apocalipsis, se exponen también dibujos de trabajo del artista y material audiovisual. En paralelo a la instalación, se ha programado una batería de actos.

Antoni Miralda, Cordero del Apocalipsis, 1989. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

Quién sabe si, siguiendo el deseo del artista, el tapiz se instalará cada año en una nueva ceremonia laica que activará aquel ritornello de la misa del domingo que, desde que éramos pequeños, tenemos grabado en alguna área cerebral y que dice así: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz”. Durante cuatro días, el «peccata mundi» de Miralda se podrá ver de nuevo en el MNAC.