Al ya clásico dilema sobre ¿a «quién prefieres, a papá o a mamá?» Los barceloneses han añadido uno nuevo: «¿qué prefieres, cultura o salud?»

Yo, que vengo del mundo de la cultura, soy de la opinión de que, si la salud estuviera gestionada de la misma manera que la cultura, andaríamos todos tuertos, cojos y lisiados. Pero también me consuelo pensando en que, si el presupuesto sanitario fuera el mismo que el de la cultura, ya estaríamos todos muertos.

Rafael Vargas, MACBA, 2008. © Rafael Vargas, 2008.

Imagino que estáis hartos de la reciente polémica del MACBA, pero para aquellos que no estén al día, os lo resumiré: el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona –y de Cataluña, no nos engañemos– se inauguró en diciembre de 1995 en un edificio proyectado por el arquitecto estadounidense Richard Meier, en el corazón del barrio del Raval.

Meier fue elegido por el alcalde Pasqual Maragall. El edificio cuenta con 14.300 m2 útiles. El resto… bueno, hay una gran rampa para acceder a los dos pisos, un atrio monumental. Además, la fachada es un gran escaparate de vidrio que, con el clima mediterráneo de Barcelona, convierte el interior en un invernadero… No hay suficiente espacio para exponer obra, pero al principio tampoco había demasiado obra que exponer.

Con los años, sin embargo, las distintas aportaciones de instituciones públicas y privadas han otorgado cierta entidad a la que podríamos llamar «colección permanente» del museo y ahora, por primera vez en un cuarto de siglo, se expone una primera «permanente de la colección permanente».

El MACBA quiere crecer. En 2006 heredó el antiguo convento de los Ángeles, en frente. En su capilla hay un espacio expositivo, y en un ala está el edificio del Centro de Estudios y Documentación.

© Rafael Vargas, 2009.

En la calle Montalegre, lateral al MACBA, está la antigua Capilla de la Misericordia, en ruinas. Este espacio, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, fue cedido al MACBA hace cinco años, para que se llevara a cabo la ampliación. El Museo había conseguido cinco millones de euros, procedentes de fondos europeos –una cantidad que a mí no me parece muy alta para el volumen de la empresa. Pero resulta que el Centro de Atención Primaria –CAP– del barrio del Raval se tiene que ampliar, y desde el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña se considera que el mejor emplazamiento sería el que ocupa la Capilla de la Misericordia.

El ayuntamiento de Barcelona quiere tratar el tema el próximo mes de febrero –no olvidemos que en mayo hay elecciones municipales. Por un lado, se ha constituido la plataforma + MACBA + Cultura, que ha presentado un manifiesto en defensa de una solución inclusiva que permita el desarrollo de ambos proyectos –pero que la Capilla de la Misericordia se mantenga como espacio del MACBA, claro–, firmado por 300 personalidades de la cultura y más de 3.000 ciudadanos.

Por el otro, la plataforma CAP Raval Norte Digne, a favor de construir el nuevo CAP en la Capilla de la Misericordia, ha reunido 6.500 firmas a favor de debatir el tema en el próximo pleno municipal.

Estimados lectores, si a estas alturas no os habéis dormido ni abandonado, debéis estar pensando en vuestros propios intereses: ¿qué priorizaría yo, un centro de salud o una exposición permanente de arte contemporáneo?

La expansión del MACBA no necesita ruido ni urgencias.

No es tan sencillo, el dilema. Como no lo era en aquellos westerns que enfrentaban agricultores a ganaderos. Y puestos a hacer comparaciones cinematográficas, cuando leo en la prensa sentencias tipo «La rescisión de la cesión…» no puedo evitar pensar en esa gran escena de los hermanos Marx sobre «La parte contratante de la primera parte …».

¿Por qué casi toda la prensa se ha posicionado a favor del MACBA? ¿Tal vez porque hay una sección de cultura, y no una de salud?

La expansión del MACBA no necesita ruido ni urgencias. Tenemos un pecado original, el edificio. Hay otros: opino que su política de exposiciones es casi monocroma y que no responde demasiado a las necesidades de nuestro ecosistema artístico.

Cabe preguntarse si un espacio satélite debe estar muy cerca de la «casa madre». El MoMA de Nueva York está en Manhattan –en un edificio, por cierto, tan anodino como funcional–, y tiene el PS1 en Queens. Mientras esté bien comunicado y lo que se exponga atraiga y sirva a un mínimo de público, vale la pena.

Imagino que alguien lo habrá pensado, pero… una ampliación del MACBA implica una ampliación de su presupuesto. Personal, mantenimiento, seguros, infraestructura. ¿De dónde saldrá ese dinero?