El físico Albert Einstein decía «si no lo puedo dibujar, es que no lo entiendo». Le Corbusier, uno de los padres de la arquitectura moderna, no podía dar sus famosas conferencias sin un gran rollo de papel: «Prefiero dibujar a hablar –afirmaba–. Dibujar es más rápido y deja menos espacio para la mentira».

Yo mismo, para abordar la estructura de este artículo, he dibujado algunos esquemas. Las letras que estáis leyendo ahora mismo, convirtiéndolas en palabras, no son más que dibujos pulidos a lo largo de los siglos… Y es que el dibujo, un fenómeno tan básico, en apariencia tan sencillo, es el alfa y el omega del pensamiento abstracto humano.

Cèrvola. Plaqueta grabada, con 10.000 años de antigüedad.

Es por esta razón que la exposición Negre sobre blanc, que reúne una selección de la extraordinaria colección de dibujos del Museo de Reus, es mucho más que una antología –cronológica y temática– de los fondos de esta institución cultural.

Negre sobre blanc tiene un diseño –en italiano disegno, la palabra que aquí empleamos para el diseño–, y ordena una serie de temas aderezados con citas de grandes creadores sobre el fenómeno del dibujo. Pero se puede abordar de mil y una maneras. Como una muestra de la excelencia de los creadores reusenses, de las diversas etapas estéticas que ha cruzado el arte del dibujo los últimos doscientos años, o de los múltiples significados del verbo «dibujar».

Ramon Casas, Eduard Toda i Güell, c. 1927.

La exposición nos habla de cómo las academias empleaban el dibujo del cuerpo humano como herramienta de aprendizaje primordial –y aquí tenemos academias de artistas reusenses de épocas tan diferentes como Fortuny, Modest Gené o Ramon Fernando–, del retrato dibujado –y aquí no sabría decir si como hermano menor del retrato pintado o como forma vera y espontánea de captar la esencia de una mirada–, del dibujo como etapa necesaria en el diseño de esculturas –el caso de Rufino Mesa con un encargo alrededor de la Olimpiada Cultural es paradigmático–, de joyas, de arquitecturas efímeras –como las proyectadas con motivo de la visita a Reus de la reina Isabel II en 1844–, del famoso bloc en el que el artista anota de manera espontánea ideas o hallazgos –hay uno de Fortuny sencillamente delicioso–, así como formato apto para esbozar elementos que tarde o temprano formarán parte de una obra más compleja.

Marià Fortuny, Vista de paisaje fabril con montaña al fondo, 1854-1855.

Cierra el recorrido una visión de las últimas evoluciones del dibujo durante la segunda mitad del siglo XX, con obras, entre otros, de Ramon Ferran y del artista minimalista Joaquim Chancho.

Ramon Ferran, Volem llibertat, Volem justícia, 1976.

La exposición arranca con un preámbulo que exige una vista aguda: una cierva grabada sobre una pequeña placa de pizarra, procedente de la cueva de Sant Gregori –Falset–, con 10.000 años de antigüedad. Una delicia que me hace pensar en el filme 3D Cave of Forgotten Dreams, de Werner Herzog, donde se plantea que ya el 35.000 antes de Cristo la humanidad apostó por dibujar de acuerdo con la percepción retiniana. Algo que hoy nos parece tan evidente, tan natural, no lo es. En absoluto.

Marià Fortuny, Estudio de guerreros marroquíes y paisaje, c. 1860.

El artista mejor representado en la exposición es Marià Fortuny. Están las célebres academias, claro, pero también un estudio previo para el famoso cuadro El Condesito, una libreta tan pequeña como extraordinaria, y numerosos bocetos realizados durante la campaña del Rif, donde fue acogido por su paisano el general Prim. Sus estudios del paisaje, de los militares españoles y de los caudillos locales son extraordinarios.

Antoni Gaudí, Estudio de plantas, s.d.

Y compartiendo espacio en una vitrina hay cuatro dibujos del reusense más universal: Antoni Gaudí. Un pequeño croquis de su diseño para una vitrina para la guantería Comella destinada a la Exposición Universal de París, un esbozo sobre una cabalgata del Centenario de Vicente García, apuntes manuscritos acompañados de dibujos de jacquards, capiteles y otros elementos arquitectónicos… Pero lo más emocionante son unas notas tomadas al vuelo sobre plantas. La gran maestra de Gaudí era la naturaleza, y si cerramos los ojos podremos encontrar estos mismos trazos en numerosas de sus arquitecturas.

Modest Gené, Dibujos de Guinea, s.d.

A riesgo de ser injusto en la elección, hay que destacar un magnífico retrato de Eduard Toda –el Indiana Jones catalán– realizado por Ramon Casas, varios estudios de barcas de Hortensi Güell –artista de gran talento que, con veintiún años se suicidó por amor–, obra de Josep Tapiró, Baldomer Galofre, un apunte guineano de Modest Gené que en su frenesí recuerda al Picasso precubista, caricaturas de BON…

BON (Romà Bonet), Caricatura de Ramon Vidiella, 1914.

Diez mil años separan el grabado de la cierva sobre pizarra y dos dibujos anónimos destinados a la publicidad de la tintorería La Nueva. El concepto, sin embargo, sigue idéntico.

La exposición Negre sobre blanc. Col·lecció de dibuixos del Museu de Reus se puede visitar, en el Museo de Reus, hasta el 30 de mayo de 2020.