Pasear por la última exposición de Eudald de Juana en el Museu de l’Empordà (Figueres) es como transitar un sueño; da la sensación de que sus esculturas nos observan y que, de repente, sean capaces de desvanecerse.

Eudald de Juana (Navata, Girona, 1988) es, en términos de expectativa artística, un post-emergente. Ya sabéis, de aquello que antes decíamos «joven promesa», ahora lo llamamos artista emergente. Y una vez superada esta engañosa etapa en la que las burbujas de la efervescencia impiden ver nada con perspectiva, llega la consolidación, la primera madurez. Bueno, si llega… que no es fácil.

Vista de la exposición de Eudald de Juana. Foto: Borja Balsera.

El Museu de l’Empordà, bajo la dirección de Eduard Bech, ha decidido apostar, con una retrospectiva anual, por este perfil: artistas del territorio, jóvenes pero maduros, con un lenguaje propio consolidado. Y de Juana, con la treintena recién estrenada, ya ha pasado por Bellas Artes en Barcelona, por la Academia de Arte de Florencia, ha dado clases e incluso ha montado, con el pintor Pau Marinel·lo, el espacio de arte Geode, un ambicioso proyecto en Navata, donde hay estudios de artista, talleres de formación y una galería.

Eudald de Juana, Stuck in Time, 2012.

La exposición Eudald de Juana y la transgresión de la forma recoge esculturas de este artista, en diálogo con otras obras no escultóricas de creadores de su generación. Con dos excepciones: la primera, una escultura de Mar Gorriz, la madre del artista; la otra, el apartado «rotundidad e ingravidez», en el que podemos encontrar dibujos sobre el cuerpo realizados por artistas a caballo de los siglos XIX y XX, como Miquel Blay –uno de los referentes de Juana–, Ismael Smith y Josep de Togores. El otro referente escultórico del de Navata, ausente por razones obvias de la muestra, es Rodin. De Juana y Rodin son dos grandes modeladores, dan forma por adición, no a martillazos.

Pau Marinel·lo, Human 2, 2019.

La exposición, comisariada por Laura Cornejo y Pere Parramon, está repartida entre la planta baja y el primer piso del Museu de l’Empordà. Dividida en siete apartados más una introducción, aborda distintos aspectos de este creador, envolviéndolos con otras reflexiones sobre el cuerpo, en forma de diálogo entre artistas. Unas telas, a modo de biombo ligero, soportan el aparato teórico que justifica cada estación de este viaje por los límites de lo corporal.

Eudald de Juana, My Little Giant, 2917.

La mayoría de las esculturas de Juana –en bronce o resina– están fechadas entre 2016 y 2018. Sorprende el estilo «manierista» que las envuelve, y me hace pensar en aquellos sueños solidificados que el modernismo repartía entre fachadas de edificios y objetos delirantemente decorativos.

Los cuerpos están en constante transformación, y se confunden, a veces, con lo inorgánico. Otros, son habitados o interpelados por pequeños personajes que apoyan el cuerpo o se sientan en la testa para leer un libro. ¿Quien lee a quien?

Sorprenden las texturas, hechas de recosidos, pieles heridas, violentadas, surcadas por las herramientas de modelar.

Eudald de Juana, Meteor, 2019.

Hay una escultura, Meteoro, realizada por encargo del Museu de l’Empordà, que no deja a nadie indiferente: encontramos –más que vemos– un cuerpo de hombre joven, fibroso, al que se le han estrellado, por arriba, dos cuerpos más. La cabeza no aparece por ninguna parte… El biombo textil que la acompaña nos sugiere que se trata de una «confluencia de diferencias, de individualidades que, cuando se encuentran, se enriquecen mutuamente y convierten este árbol diverso que llamamos sociedad». Bueno, tal vez sí. Tal vez es lo que piensan los comisarios, y también el artista. Pero también se podría decir que representa bastante bien la situación actual de nuestra sociedad, una sociedad que no ha digerido bien la multiculturalidad ni la aceleración del tiempo histórico. No sólo estamos desorientados, también estamos siendo violentados y transformados.

 

Enfrentado o en diálogo con Meteoro, aún no lo sé muy bien, está Beauty (2016), un vídeo dirigido por Rino Stefano Tagliafierro, que es todo lo contrario del procedimiento de Juana: bellas imágenes de pintura antigua –mucho pompier, como Bouguereau– animadas mediante la tecnología digital. Sin embargo, ambas piezas alimentan la inquietud del espectador.

Eudald de Juana, Aire, 2019.

Muchos de los personajes de Juana son monstruos –no lo digo yo, hay una sección específica dedicada a esta categoría, en la exposición– que habitan nuestro subconsciente. Monstruos tan antiguos como los mitos que nos explican, disfrazados con la piel de las pesadillas de una modernidad que, mediante la tecnología, desborda los límites de lo humano.

La exposición Eudald de Juana y la transgresión de la forma se puede visitar en el Museo Empordà, de Figueres, hasta el 12 de enero.