En tiempos de precariedad cultural y de recortes presupuestarios, llega una magnífica noticia: el Museu d’Art Jaume Morera, de Lleida, tiene previsto instalarse en el Palacio de Justicia. Cien años después de abrir, y de ocupar hasta cuatro edificios diferentes, una de las mejores colecciones de arte moderno y contemporáneo de Cataluña tendrá sede definitiva.

Visito el museo en el edificio del Casino Principal, en la céntrica calle Major. La exposición Inventari general está repartida en dos plantas diferentes. Es como si hubieran desnudado los almacenes. Una serie de estructuras metálicas acogen los fondos –que con el tiempo van cambiando– y cuando la vista se acostumbra, comienza a descubrir relaciones, diálogos de proximidad entre las obras. Una idea muy antigua y, a la vez, muy moderna.

Vista de la exposición Inventari General. Foto: Jordi V. Pou.

Concluyo la visita en el despacho de Jesús Navarro, director del Morera desde 1994. Conversamos sobre el futuro del museo.

Vengo de visitar la exposición Inventari general. Impresionante. El programa de mano indica que la muestra está abierta desde el 5 de abril de 2018, pero no dice cuando termina.

Actualmente, hemos dejado de producir exposiciones y programas educacionales. Continuamos siendo permeables, pero ponemos el máximo esfuerzo en la generación del nuevo proyecto de museo.

El Museu d’Art Jaume Morera se inauguró en 1917, o sea, hace 102 años. Estamos ante una oportunidad única de repensar el museo. Ahora estamos en un período de transición, de apertura hacia un nuevo museo. Por tanto, no tiene sentido de explicar ahora la ordenación de la colección.

Vista de la exposición Inventari General. Foto: Jordi V. Pou.

O sea, el Inventari general va para largo.

La exposición no cerrará en dos o tres años. Se trata de colecciones de arte moderno y contemporáneo, de entre finales del siglo XIX y el siglo XXI. Siempre hemos vivido en la provisionalidad y la precariedad. Si contamos la sede actual, el museo ha pasado por cuatro edificios diferentes. Ahora tenemos el reto, por primera vez, tener una sede definitiva: La Antigua Audiencia Provincial de Lleida. Y de trabajar en el ámbito de la memoria artística reciente.

Queremos inaugurar un museo nuevo: regenerar discurso, crear un relato propio basado en la riqueza de nuestras colecciones: Jaume Morera i Galicia, Miquel Viladrich, Baldomer Gili i Roig, Xavier Gosé, Leandre Cristòfol, Antoni G. Lamolla… Los primeros contactos con las corrientes de vanguardia en la década de 1930. Y en la posguerra, las inquietudes del debate entre figuración y abstracción, las corrientes informalistas, la fotografía y el cine experimental.

Hay que construir una visión a partir de las relaciones entre centro y periferia.

¿Y que hace al Museu Morera diferente de los otros museos catalanes de arte moderno y contemporáneo?

Hay que construir una visión a partir de las relaciones entre centro y periferia. Estamos muy cerca de Barcelona, podemos generar complicidades y tensiones. Y eso mismo es extrapolable a Madrid.

Hay que incorporar los avances teóricos y museográficos más recientes. Debemos dar voz a las minorías silenciadas: lecturas feministas, minorías étnicas y sociales. Trabajar la transversalidad del pensamiento: cultivar otros ámbitos creativos, como la imagen o las artes escénicas. También investigar sobre qué avances museográficos podemos incorporar. No podemos exponer del mismo modo que hace treinta o cuarenta años. Y tenemos que emprender nuevas actividades y abrir canales de difusión.

Vista de la exposición Inventari General. Foto: Jordi V. Pou.

¿Cómo se genera un discurso a partir de tensiones?

Por ejemplo, sobre la tensión entre centro y periferia, intentaremos explicar la recepción de los movimientos artísticos a lo largo de los siglos XX y XXI, y qué han aportado los creadores de Lleida a la historia del arte de nuestro país. Explicaremos la cultura y las artes recientes de Lleida y de su territorio. Un territorio determinado, sí, pero a la vez dentro de un mundo global; tenemos que ser una ventana que explique las relaciones entre lo local y lo global. Debemos repensar el discurso y las funciones del museo. En especial en lo que tiene que ver con la mediación y el conocimiento.

El nuevo edificio es inmenso, e imagino que exigirá una financiación importante. Como decía Josep Pla, ¿esto quién lo paga?

Tenemos la oportunidad de repensar el museo del siglo XXI. Una oportunidad única. Daremos un salto cualitativo, un cambio de escala. Ahora somos un proyecto con apoyo financiero exclusivamente municipal. Pero en el proyecto del nuevo edificio han intervenido todas las administraciones: Ayuntamiento, Diputación, Generalitat, Ministerio de Cultura, fondos europeos…

Y nos gustaría que, una vez cumplida la inversión, en el sostenimiento de la actividad ordinaria, hubiera implicaciones de todas estas administraciones, o de la mayoría.

Vista de la exposición Inventari General. Foto: Jordi V. Pou.

¿Ha establecido algún tipo de límite cronológico para no coincidir con La Panera?

No tiene sentido la competencia con La Panera, hay que compaginar visiones. Es un centro de arte contemporáneo, debe aprovechar su papel como centro de producción, y estar atento a las emergencias artísticas. En cuanto al ámbito de los recursos, hay que poner orden.

Vista de la exposición Inventari General. Foto: Jordi V. Pou.

¿Y cómo será la nueva sede?

Se trata, seguramente, de la colección de arte moderno y contemporáneo –fuera de Barcelona– más importante de Cataluña. El nuevo edificio está en la Rambla de Ferran, junto a la Diputación, a cien metros de la estación del AVE y de la futura estación de autobuses. Ocupa aproximadamente 3.400 metros cuadrados. En la planta baja estará el vestíbulo, almacenes y posiblemente la tienda. En el primer piso, una sala de exposiciones temporales. En la segunda y tercera planta, la colección permanente. La cuarta planta estará destinada a oficinas y almacén. Y en la quinta habrá espacios para talleres educativos y el auditorio.

Y una vez inaugurado el nuevo edificio, ¿como se plantean las colecciones futuras?

Debemos centrarnos no tanto en movimientos artísticos como en obras. Y establecer relatos, conclusivos o interrogativos. Esto pasa por romper el carácter historiográfico –autores y movimientos– del relato, que no el histórico. Pensamos que el elemento tiempo debe ser fundamental en los museos.