Clàudia Rius ha publicado un artículo en Núvol –»el digital de cultura»– donde defiende encarnizadamente el programa This is Art, coproducido por Brutal Media y TV3, con la colaboración de Movistar.

En este artículo se citan unas declaraciones mías en El Punt Avui. Exactamente, decía esto: «tenemos un problema porque esta gente que mira el This is Art no entenderá nada de lo que es el arte. Es una frivolización total y absoluta. Ni es arte ni es divulgación». Después de leer el artículo, pienso que me quedé corto. La enfermedad está mucho más extendida de lo que pensaba.

Escena de This is Art.

Resulta que Clàudia Rius fue testigo de una curiosa experiencia pedagógica, mientras hacía su Erasmus en Suecia: en una clase infantil, a medida que los alumnos iban entendiendo la lección, pasaban a una sala contigua y leían. Hasta que todo el mundo no había aprendido lo que tocaba, nadie –ni el más listo– pasaba al siguiente nivel.

Lo encuentro justo y necesario. Si yo pienso a la velocidad de mi neurona más lenta, los niños suecos tampoco deben ser tan diferentes. Pero es que la neurona más lenta –y solidaria– de Clàudia Rius pretende montar un silogismo sueco como si fuera un mueble de IKEA: el espectador catalán es la clase, y hay que explicar el arte de una manera muy sencilla para que todos –no sólo los superdotados arties– lo podamos entender. Transcribo: «No quiero ser injusta: los espacios complejos en los que se mueven los especialistas del mundo del arte son débiles, mal financiados, hechos a base de voluntades titánicas […]. Pero de cara a la sociedad general, la mala transmisión del fenómeno artístico es casi inherente a él mismo y se caracteriza por no aprovechar los canales de comunicación mayoritarios para hacer una difusión […] «. Y concluye: «Hay un cierto esnobismo que no permite transmitir el arte a las personas que no están directamente relacionadas».

¿Esnobismo? Ahora mismo pienso en el mundo del arte, en el que he malvivido durante treinta años, y no se me ocurre ni un triste esnob. ¡Ah, sí! ¡El Ramon Gener! Aquel señor que dirige y presenta el programa This is Art. El resto, Dalí, Carles Santos, Josmar… unos aprendices.

¿No ha habido, todavía, un solo programa de televisión, ni en Cataluña ni en las Españas, capaz de difundir el fenómeno artístico a una audiencia general y transversal? Pues no. Al contrario, el mundo de los animales de compañía tiene una excelente tradición televisiva, del Zoo loco de la TVE franquista hasta el Veterinaris de TV3. Y caramba, debe haber tanta gente con mascotas como gente con algún cuadro o escultura.

El tema es complejo. Por un lado, las audiencias. Si no va del Barça, del Proceso, de famosas, o de amores y enredos, cuesta venderlo. Por el otro, está la propiedad intelectual de los artistas.

Las teles y las radios pagan un canon a la SGAE por la música que emiten. Y si enseñan obras de arte, pagan a VEGAP. O sea, si queremos mostrar la obra de un artista que todavía no hace 80 años que haya muerto, tocará pagar. Y no poco. Por eso no hay programas sobre arte contemporáneo. Incluso hemos llegado al extremo de que un programa emitido por la Red de Televisiones Locales, , Territori Contemporani (2018), no muestra prácticamente obras de arte.

Otro programa digno, y creo que nada elitista, es Art Endins (2017). Se puede encontrar en la web de TV3. Eso sí, todo lo que se enseña es de artistas muertos hace más de 80 años. Habla de casos concretos, de obras que podemos encontrar en los museos de Cataluña, en clips de no más de diez minutos.

Y os tengo que aconsejar, también, los clips que Joan Francesc Ainaud creó para el extinto programa de Betevé Notícia oberta: nueve minutos centrados en una obra, explicados por un experto y destinados a todos… incluso a los suecos.

¿Vamos a las audiencias? Según datos de Kantar Media, el domingo 29 de septiembre, a las 22:50, 382.000 personas acaban de ver el Telenotícies de TV3. Después de los anuncios, arranca el último This is Art de la temporada: 282.000 espectadores. Una hora más tarde, termina el programa con 177.000 espectadores. Media: 214.000 espectadores, ¡¡¡el 2,9% de la población de Cataluña!!! A esa hora, sólo había más gente mirando Gran Hermano VIP: El debate (T5), y el filme Fast & Furious 8 (La1). ¿Y toda esta gente no va al museo ni visita galerías ni lee libros o revistas de arte? Se ve que no. Ni lo harán.

Dicho esto, tengo que contar mi experiencia personal con This is Art. Al arrancar la primera temporada, intenté ver un capítulo. Y me pasó como con Historia de mi muerte, de Albert Serra… a los quince minutos tuve que dejarlo. Algo me sacaba de quicio.

He vuelto. Me acabo de tragar el episodio titulado Emoción, emitido el 29 de septiembre.

He aquí algunas «pensaciones»:

Visualmente, This is art tiene una factura impecable. Hay dinero y buenos profesionales. Imagino que un tal Marc Durán como director de fotografía y operador de cámara debe de tener algo que ver. La asesora de arte, Anna Pou van den Bossche, ya es harina de otro costal: hacía una especie de This is Art low cost en Betevé: Tot Art, y aún colabora con apariciones esporádicas en Àrtic. Cherchez la femme.

A Ramon Gener le encanta embadurnarse de pintura.

Sobre Ramon Gener, que inició su periplo televisivo con Òpera en texans, no sé si su actitud como presentador de este espacio se debe al jet lag –sólo su huella de CO2, al haber visitado tantas ciudades, debe haber aumentado medio grado el planeta–, o si toma alguna sustancia especial. Si se trata del segundo caso, si por favor, que alguien me pase el teléfono de su dealer.

A este señor le encanta embadurnarse de pintura. Para explicarnos, por ejemplo, que Rembrandt se quería poner dentro del cerebro de sus retratados, va y se cubre el rostro de acrílicos como si fuera el capitán Benjamin L. Willard antes de asesinar a Kurtz en Apocalipse Now.

También le gusta mucho utilizar gente «de la calle» para que expliquen qué les dice una obra de arte, o que representen una composición famosa. ¡Vaya, todo el mundo es guapo! ¿No se tratará de actores contratados?

Joaquín José Martínez y Ramon Gener.

Por otra parte, no me puedo sacar de la cabeza –por la estética, por la filosofía barata y la música de fondo– que estamos en un larguísimo anuncio de compresas. Si Gener apareciera recubierto de pintura fresca y, de repente, se preguntara: «¿a qué huelen las nubes?», No me extrañaría nada.

El programa es de una imprecisión constante: que si Michelangelo Buonarroti dio un golpe de martillo a su Moisés para que hablase, que si Bernini se inspiró en su experiencia sexual para esculpir su Éxtasis de Santa Teresa… cuenta leyendas populares dándolas por hechos.

¿Y qué me decís de coger a un pobre hombre, Joaquín José Martínez, el primer español liberado de un corredor de la muerte en Estados Unidos, y ponerlo delante del tríptico La esperanza del condenado a muerte (1974), de Joan Miró? No sabía qué cara poner…

Esto, si me lo permite Clàudia, no es “cuidar los mínimos”, es hacer populismo de los lugares comunes del arte, silogismos impactantes para entretener la peña, autoayuda con colorines. ¿Pero arte? No. This is Not Art.