Nuestra sencilla relación con la tecnología, la exposición que la Mobile Week Barcelona 2019 organiza como estrella del programa cultural paralelo a la feria, reflexiona sobre la transformación digital de nuestra sociedad a través de 14 obras de artistas internacionales.

A todos, quien más quien menos, cuando visitamos una exposición nos gustaría encontrarnos con el artista. Inverse triangulation de Solimán López no llega a materializarlo en el espacio expositivo, pero revela dónde se encuentra en aquel momento preciso.

Daniel Canogar, Gust.

La instalación, un guiño a la célebre performance de Marina Abramovic Where is the artist?, recita con voz metálica las coordenadas del paradero de su autor cada 4:33 minutos, en homenaje a la obra homónima de John Cage. La lectura de las coordenadas, junto con la visualización que se proyecta en el suelo, confiere una presencia fantasmal al cuerpo que no está allí pero que está siendo localizado constantemente. Convertido en datos, el cuerpo del artista no puede dejar de estar presente: la tecnología no permite ausencias.

Solimán López, Inverse triangulation.

La muestra arranca de una convocatoria en la que se proponía a los artistas replantear la relación cotidiana entre el ser humano y la tecnología, prestando especial atención a la expansión de la Inteligencia Artificial. “Lejos de explicitar conexiones simples, buscamos trazar las relaciones de influencia mutua, que muchas veces no son evidentes en tanto que cotidianas”, asegura Amanda Masha, coordinadora del proyecto.

Tras un intenso proceso de selección (se presentaron casi cien propuestas), la muestra ha reunido 14 obras de destacados artistas españoles e internacionales, cuya aparente sencillez y, en muchos casos, sentido del humor, no le impide abordar nuestra relación con la tecnología en toda su complejidad.

Martín Nadal y Cesar Escudero, Bittercoin.

Es evidente que la brecha generacional condiciona la aproximación del visitante a la obra. Los nativos digitales que ya son mayores de edad se desenvuelven con soltura entre streaming de datos, criptomonedas, identidades digitales o Inteligencia Artificial. En cambio, los que se han formado en un mundo analógico, se detienen más tiempo delante de las fichas informativas que de las obras, confiando y casi anhelando que las detalladas cartelas puedan ofrecerles alguna clave secreta para interpretar obras que suelen ser más intuitivas de lo que parece. Así que, por un lado, hay quien intenta relacionarse con las piezas y meterles mano, aunque no siempre sean obras interactivas que requieren la participación del público. Y por el otro se encuentra el espectador estático que, desde una prudente distancia de seguridad, intenta comprender la pieza, analizarla desde la crítica social o rebuscar entre sus conocimientos de historia del arte alguna relación que le permita reconducirla a los cánones estéticos tradicionales.

Quizá la tecnología ha llegado para transformar el arte y también el público.

Como no puede ser de otra manera “en el término medio está la virtud”, una certera cita de Aristóteles que, con sus reflexiones sobre el Ser y el Devenir, nos hace pensar que quizá la tecnología ha llegado para transformar el arte y también el público. La obra ya no es algo inalterable, sino que evoluciona y tiene un “devenir” que depende de su interacción con el visitante, enriqueciendo así su experiencia y añadiendo sentido y valor a su presencia.

Eugenio Ampudia, Try Not To Think Too Much.

Todo esto se desprende de las obras presentes, como Try Not To Think Too Much, de Eugenio Ampudia, una escultura interactiva que enfatiza el carácter del arte como medio de comunicación efectivo, jugando con la paradoja de interrumpir la comunicación a través del ruido que el público genera interactuando con los circuitos de un sintetizador deconstruido. La pieza, una de las última adquisiciones de la Colección BEEP de Arte Electrónico es una de las cuatro que articulan su presencia en la muestra, junto con Luci, de José Manuel Berenguer, que reproduce el sistema auto-organizativo de las luciérnagas del sudeste asiático, Gust, de Daniel Canogar, un lienzo dinámico que se transforma en tiempo real según la dirección e intensidad del viento de la ciudad donde está instalada y Tycho: Test One, de Paul Friedlander, que evoca las pioneras investigaciones de Tycho Brahe, el primer astrónomo en percibir la refracción de la luz, y su heredero intelectual Johannes Kepler.

Paul Friedlander, Tycho: Test One.

Entre las obras más empáticas, la instalación Data gossiping robots… de Mónica Rikić, evoca un patio de vecinas, donde pequeños robots intercambian cotilleos extraídos de los perfiles de las redes sociales. La obra, que alude a la quimera de la privacidad y al uso de la tecnología como generador de inteligencia colectiva, forma parte de un proyecto a largo plazo sobre robots, Inteligencia Artificial y relaciones sociales. Trata de inteligencia colectiva también Pos-society, de Fidel García Valenzuela, que actualiza el concepto de mass-media y el modelo de control de información establecido por el poder. Otros proyectos plasman las investigaciones sobre trajes inteligentes (Environment Dress 2.0 de María Castellanos y Alberto Valverde), las contradicciones de las criptomonedas y sus necesidades energéticas (Bittercoin de Martín Nadal y Cesar Escudero) y la relación entre el ser humano y su smartphone (MatchPhone de Adriana Tamargo y Guillermo Escribano).

La exposición Nuestra sencilla relación con la tecnología se puede visitar en el Museu del Disseny de Barcelona hasta el 16 de marzo.