Una de las ventajas del diseño industrial es que multiplica las obras maestras hasta el infinito. También las abarata.

Veamos cinco obras maestras del diseño que podemos encontrar en el MoMA de Nueva York… y en la tienda de la esquina. Ah, ¡y no cuestan más de veinte euros!

Loseta Gaudí.

La loseta Gaudí (1904-1906) es una de las obras maestras del arquitecto de Reus –o de Riudoms, si lo prefieren. Esta maravilla hexagonal, con referentes del mundo submarino, fue proyectada por Gaudí en 1904 para pavimentar el suelo de la casa Batlló. Pero un retraso en la producción impidió su aplicación. Finalmente, sirvió para alicatar las habitaciones de servicio de la casa Milà. Muchos años después, cuando Gaudí ya era mundialmente famoso, el Ayuntamiento de Barcelona lo usó para pavimentar el tramo superior del Paseo de Gracia.

Allí se puede «robar» si un día uno encuentra operarios haciendo reparaciones. Pero no vale la pena, el constructor SAS lo fabrica y lo vende a 2,24 € la pieza. También hay una versión facsímil para turistas, de Borníssimo, que se liquida actualmente a 22 €.

Ladrillos de Lego.

Los ladrillos de Lego (1954) de Ole Kirk Christiansen. A pesar de que la compañía danesa Lego fue fundada en 1932, el popular ladrillo de plástico que hoy es su estándar no apareció hasta 1958. La empresa, dedicada hasta entonces al juguete de madera, fue la primera en adquirir una máquina de inyección de plástico ABS, haciendo así posible un juego de construcción que, con pocas variaciones, ha permitido jugar a millones de niños y adultos hasta hoy. Actualmente, Lego significa ladrillos de plástico, pero también videojuegos, parques temáticos, películas y robótica. Los paquetes de ladrillos de Lego se pueden adquirir a partir de 20 €.

Navaja suiza Victorinox.

La navaja suiza Victorinox (1891). Carl Elsener, un fabricante de navajas y cuchillos suizos quiso crear empleos fundando la Asociación Suiza de cuchillería con el objetivo de diseñar y producir una navaja para los soldados del Ejército suizo. La primera entrega se realizó en 1891 pero gran parte de los fabricantes se retiraron cuando al cabo de un año una empresa alemana los superó reduciendo costes. Tan sólo el promotor de la idea, Carl Elsener, continuó, perdiendo así prácticamente todos sus ahorros. El éxito de la navaja suiza se desarrollaría con la creación de la empresa Victorinox, que creó una navaja más ligera y elegante que ofrecía, también, más posibilidades de uso. El interés por la navaja tanto de scouts, campistas, viajantes, exploradores y seguidores de este artefacto compacto se debe a su simple premisa: una caja de herramientas en miniatura que se pliega y cabe en la palma de la mano. De 17 a 250 €.

Post-it.

El Post-it (1980). A mediados de la década de los setenta, Arthur Fry, un científico de la empresa estadounidense 3M, tenía un problema mientras cantaba en el coro de la iglesia: para marcar las páginas del libro de partituras utilizaba trozos de papel que, inevitablemente, acababan cayendo. Entonces recordó que un investigador de la misma empresa, Spencer Silver, había experimentado con varios adhesivos. Entre las fórmulas que fueron descartadas en 1968, recuperaron un adhesivo que tenía la propiedad de engancharse ligeramente a los objetos pero que fácilmente también se podía retirar. Fry decidió probarlo en las puntas de pequeños papeles y presentarlo a su empresa, no sólo como punto de libro sino, también, como pequeñas notas adhesivas que nos recuerdan los innumerables deberes e incidentes que surgen día a día, tanto a nivel profesional como personal. Por poco más de un euro podemos adquirir el bloque clásico.

Chupa-Chups.

Cerramos el círculo con otra aportación catalana: el Chupa-Chups (1958), invento de Enric Bernat y Fontlladonosa, con logotipo diseñado por Salvador Dalí. Y no olvidemos que la familia Bernat es ahora propietaria de la Casa Batlló, para la que se diseñaron las losetas Gaudí.

Enric Bernat, miembro de una familia barcelonesa vinculada a la confitería desde mediados del siglo XIX, tuvo la idea de unir un caramelo a un palo para que los niños no se mancharan. De ahí salió, en 1958, el caramelo con palito que revolucionará el mercado. Desde entonces, la carrera de Chupa-Chups fue tan meteórica que se puede afirmar que ahora mismo 60.000 niños están lamiendo uno de estos caramelos. Bernat, consciente de la importancia de la publicidad y de un logotipo único, encargó el diseño de éste a Salvador Dalí, en 1969. El siempre provocativo e irreverente Dalí, esbozó su idea sobre una hoja de periódico, y al cabo de una hora ya tenía el diseño en forma de margarita conocido en todo el mundo. El precio de los Chupa-Chups varían según la cantidad. Una rueda de 200 unidades cuesta 40 €. O sea, a 20 céntimos de euro la unidad.