No hay situación más decepcionante que la de observar los argumentos que se esgrimen a continuación de las elecciones para llevar a cabo los correspondientes pactos de gobernabilidad. Sin embargo, hay pactos más desilusionantes aún, son los que no se producen nunca.

Desde los inicios de la “democracia”, una gran parte de la sociedad reclama lo que podríamos llamar “pactos de mínimos”, es decir, los acuerdos que reflejarían las bases de una sociedad verdaderamente democrática que garantice aspectos relacionados con la igualdad, los derechos y las condiciones en las que se deberían sustentar.

More culture, les cheekies. May 19, 2011. Foto: Pepe Font CC BY 2.0.

Dentro de estos acuerdos básicos, los pactos por una sanidad universal y digna, una educación para todos y todas, y la garantía del buen desarrollo relacional de la ciudadanía debería ser la prioridad. Y ¿qué es ese desarrollo relacional, sino el resultado de la atención por la cultura?

Un acuerdo por la cultura

Cuando hablamos de cultura algunos creen que nos encontramos en el terreno de lo utópico o lo que es peor, del lujo y lo prescindible. Ideologías opuestas abandonan, de un modo opuesto pero semejante, la cultura a la iniciativa privada, dejando a los trabajadores y trabajadoras de la cultura en la más absoluta precariedad.

Se ha escrito suficiente sobre la importancia y el espacio fundamental que las acciones de la cultura generan como articuladoras de la sociedad, como base del pensamiento crítico, y como germen de las transformaciones necesarias en una sociedad que pretende ser parte de un mundo “vivible”.

From the CED MACBA. Foto: Nora Ancarola.

Sin embargo, parece difícil un “pacto por la cultura”. Tan difícil como preservar de manera clara las horas de debate y reflexión de asignaturas humanísticas en la enseñanza pública. Pero ¿tan difícil es incentivar las plataformas de lectura, incluyendo de manera permanente a creadores y creadoras en espacios educativos? ¿Y generar un código de buenas prácticas aplicable por la administración pública, con incentivos en el sector privado?

Barcelona student protest. February 29, 2012. Foto: Oatsy 40 CC BY 2.0.

No, no estoy hablando de mercado, estoy hablando de cultura y, a pesar de que la cultura debe ser parte del funcionamiento económico, no debería dejar a sus agentes en la estacada y permitir que solo sean las empresas subsidiarias las que se lleven los beneficios, ni que sean los políticos los que tengan su rentabilidad a costa de la invisibilización de los verdaderos creadores de contenido.

Las Artes Visuales

En relación con las Artes Visuales –probablemente el sector más precarizado de la cultura en Cataluña–, urge un análisis de los equipamientos existentes, y un estudio profundo de las necesidades de éstos. La mayoría de las ciudades  están teniendo problemas para mantener sus equipamientos con los contenidos  que les correspondería. Presupuestos inverosímiles, equipos humanos menos que mínimos (normalmente en calidad de falsos autónomos) y ningún criterio base que pueda coordinar e interrelacionar los diferentes espacios hace que todo dependa de la buena voluntad de los responsables de turno. Las distintas administraciones no acaban de entender que su deber político (aún siendo de signos diferentes) es colaborar para crear una red articulada y complementaria.

Salvem Santa Mònica. Foto: Nora Ancarola.

Estudios realizados por profesionales que, desde hace años, esperan en cajones o archivadores, algunas veces encargados a profesionales, otros realizados por las mismas administraciones, solo sirven para justificar algunos departamentos sin acabar de tener incidencia alguna. Mientras tanto, se olvidan las buenas prácticas; se aplican modelos educativos, como la educación dual, que sólo benefician a las empresas privadas a costa de comprometer la formación humanística y, en la mayoría de los casos, los mínimos requisitos formativos técnicos; y se van realizando acciones con un espíritu exclusivamente electoralista con la ayuda de unos medios de comunicación siempre cómplices.

La nueva izquierda ha demostrado que no había ni siquiera pensado en la importancia de la cultura.

Por otro lado, hemos comprobado en estas décadas que a la derecha no le importa en absoluto la cultura y solo entiende su aspecto patrimonial y conservador. Una supuesta izquierda vendida a las empresas privadas acabó de destrozar el tejido asociativo y profesional en Barcelona y en gran parte del país, y como la nueva izquierda, proveniente del activismo social, ha demostrado en estos pocos años que no había ni siquiera pensado en la importancia de la cultura, gestionando con muy poca habilidad las conexiones necesarias entre arte, cultura y ciudadanía.

¿Pacto de mínimos?

Sólo un gran pacto de mínimos por la cultura entre administraciones, profesionales y ciudadanía puede generar algún resultado. Pero hemos de tener en cuenta que cualquier estrategia de mejora es una inversión a medio y largo plazo, por lo que es muy importante su continuidad en el tiempo.

R! Reclam_Accions per la Cultura. Foto: Nora Ancarola.

Hace pocos meses se creó una plataforma –ParlaMento ciudadano de la Cultura de Barcelona– entendida como un observatorio y un espacio de debate. En pocos días habrá una nueva convocatoria de encuentro. Todo mi apoyo a esta iniciativa, siempre y cuando no haya detrás ambiciones políticas partidistas, que tantas veces enrarecen los objetivos. Veremos qué sucede. Quizás sea un camino a transitar, pero hemos de tener en cuenta que no podemos abandonar las luchas necesarias para avanzar en las reivindicaciones que, desde hace tantos años, llevamos reclamando desde las asociaciones, las plataformas profesionales y las agrupaciones que conocen muy de cerca y en profundidad la importancia que puede tener la cultura como eje estratégico para una sociedad más justa y humanista.