El próximo domingo 24 de mayo se celebrará la festividad de Santa Sara Kali (Sara de Marsella o Sara la Negra, Sara e Kali en lengua romaní), la patrona del pueblo gitano. El protagonista de este artículo es el guitarrista gitano Manitas de Plata (Sète, 1921 – Montpellier, 2014), que durante toda su vida hizo la peregrinación a Les Saintes-Maries-de-la-Mer (Lei Santas Marias de la Mar, en occitano), como gran devoto que era de su patrona.

Pero, además, se da la circunstancia de que este año hace sesenta y cinco años de una peregrinación que resultó relevante para su biografía. La historia de este texto viene de hace cuatro años, cuando salió a subasta un retrato que Picasso hizo de Manitas de Plata en el mes de mayo de 1968. La aparición de este retrato significó la entrada a mi archivo picassiano y la anotación apresurada de cuatro notas dispersas, nada más. Pero el actual confinamiento me ha permitido ordenar los papeles y desarrollar esta historia.

Picasso y Manitas. Foto: Lucien Clergue.

El retrato es un óleo y pastel sobre cartón donde le representa con los clásicos grafismos del último Picasso, y a partir de unos cromatismos vibrantes. Sabemos que se subastó en Shanghái el día 22 de diciembre del año 2016, y el precio de salida era de más de 700.000 €. Por lo tanto, la obra salía a subasta poco más de dos años después de la muerte del guitarrista. Si a los que trabajamos con obras de arte ya nos interesa la trazabilidad de estas, el caso de un retrato de Manitas realizado en la Costa Azul y subastado en Shanghái es de lo más sugerente. ¿Qué hizo Manitas con la obra? ¿Como llegó a China? En definitiva, ¿qué intrahistoria esconde? Cabe decir que no se trata de una obra relevante ni pasará a la historia del arte, pero es el símbolo de una relación personal que nos servirá como subterfugio para hablar de historia del arte, del mundo gitano, de música, de literatura, de fotografía y, sobre todo, de la vida misma.

Pablo R. Picasso, Retrato de Manitas de Plata, mayo de 1968. Pastel y óleo sobre cartón, 49 x 39 cm.

Cuando Manitas murió en 2014 con 93 años estaba completamente arruinado, lo que sorprende en quien había sido toda una celebridad en Francia –y en todo el mundo– a partir de los años sesenta. En el conjunto de su carrera vendió alrededor de un centenar de millones de discos y publicó unos ochenta álbumes. Por lo tanto, una carrera bastante exitosa que, en circunstancias normales, le habría tenido que proteger de las penalidades que nos pueda dispensar el futuro. Su nombre real era Ricardo Baliardo, natural de Sète, la ciudad natal de personalidades como Paul Valery y Georges Brassens; pero él nació en una caravana de circo. Manitas era completamente analfabeto y nunca en la vida pisó una academia de música. Con seis años, su padre, Auguste Gustave Baliardo, le regaló una guitarra, que aprendió a tocar con su tío Joseph. Antes de llegar a la fama se dedicaba a tocar la guitarra haciendo bolos por todo el sur de Francia, aquí caigo aquí me levanto. Uno de sus referentes fue el también guitarrista gitano francés Django Reinhardt, que murió en 1953, aproximadamente cuando Manitas comenzaba su carrera artística.

Vincent van Gogh, Campamento gitano en las afueras de Arles, 1888. Musée d’Orsay, Paris (RF 3670).

Una de las personas más importantes de la vida de Manitas fue el fotógrafo francés Lucien Clergue. Clergue nació en Arlés y fue uno de los fundadores en 1970 de los Rencontres d’Arles, el prestigioso evento internacional de fotografía que se celebra en esta localidad del Sur de Francia. Clergue conoció a Manitas hace justo sesenta y cinco años: fue en 1955, durante la peregrinación anual de los gitanos de todo el mundo a Les Saintes-Maries-de-la-Mer (la Camarga). Durante ese primer contacto lo pudo ver tocar la guitarra con sus compañeros, y allí mismo Clergue le realizó las primeras fotos, convirtiéndose a partir de entonces en el mejor publicista mundial de Manitas. De hecho, Clergue obtuvo fama, entre otras cosas, por sus espectaculares series fotográficas de los gitanos del sur de Francia. En el contexto de este artículo, resuena de fondo el fantástico carro de gitanos que pintó Van Gogh precisamente en las cercanías de Arlés, actualmente en el Museo de Orsay de París.

Dicen que Picasso afirmó «Il vaut plus cher que moi!»

Sin ser su mánager en sentido estricto, Clergue fue una de las personas que más ayudó a Manitas a proyectarse como artista –su Pigmalión, según Le Figaro–, una relación que explica en su libro de memorias vinculadas a Picasso, Picasso, mon ami (Éditions Plume, 1993). Clergue también le facilitó contactos con la elite intelectual de Francia, que recibió a Manitas con los brazos abiertos, entusiasmada por su talento y por la fuerza de su propuesta artística, aunque según los expertos no estaba entre los mejores guitarristas del su tiempo. Clergue había conocido a Picasso un par de años atrás, en 1953, con motivo de unas fotografías que realizó durante una corrida en Arles –tenía tan sólo dieciocho años–, y enseguida se ganó la confianza del artista. Según Clergue, en 1964 organizó una fiesta gitana con Manitas y sus compañeros, a la que invitó a Picasso. Pero el artista les dijo que mejor fueran ellos a su casa, donde hicieron la fiesta y parece que la conexión con Manitas fue evidente desde un principio. Dicen que Picasso afirmó «Il vaut plus cher que moi!». No se puede confirmar esta frase, como tantas apócrifas atribuidas a Picasso pero, de acuerdo a sus patrones de comportamiento, es más que posible que hubiera ido así. Lo habría hecho en parte por halagarlo, pero con un fondo de admiración real que Picasso tenía por la gente con talento.

Fotomontaje con imágenes de Lucien Clergue para el álbum Hommages, de Manitas de Plata. Arriba, con Dalí, en el centro, con Picasso, y debajo, con Cocteau.

Cabe decir que Picasso nunca fue un melómano, a pesar de haber trabajado con músicos como Falla, Satie o Stravinski durante la época de los Balés Rusos. Él mismo reconocía que la música que le gustaba de verdad era la de extracción popular, como las coplas antiguas, y aquí entraba el flamenco y las rumbas de Manitas. El guitarrista visitó a Picasso en varias ocasiones y Clergue dejó testimonio a través de sus fotografías. Algunas fueron expuestas en 2017 con motivo de la exposición que el Museo Picasso de Barcelona dedicó a Clergue, comisariada por Sílvia Domènech (Lucien Clergue: Veintisiete encuentros con Picasso).

“Manitas abraza a Picasso y se le dirige tranquilamente en catalán, con cierta sorpresa por mi parte. Picasso le responde también en catalán”.

El escritor y gran experto picassiano Josep Palau i Fabre relata en su libro Estimat Picasso el día que coincidió con Manitas de Plata en una visita al domicilio del artista, concretamente el 31 de mayo de 1968. El retrato citado de Manitas está fechado en la parte superior izquierda con la inscripción MAI (mayo, en francés), esto significaría que fue realizado durante esos mismos días. Palau ha dejado un testimonio muy detallado de aquel encuentro entre Manitas y Picasso: Mientras Palau ya estaba con Picasso, Manitas entró en la habitación acompañado de Clergue y se dirigió directamente al artista. «[Manitas] abraza a Picasso y se le dirige tranquilamente en catalán, con cierta sorpresa por mi parte. Picasso le responde también en catalán», escribe Palau. En realidad, la comunidad gitana del sur de Francia que habla catalán no es sólo la de la zona de Perpiñán, como se piensa a menudo, sino que abarca muchas otras ciudades fuera de su ámbito lingüístico. Eugeni Casanova lo explica con todo detalle, tras un notable trabajo empírico, en su documentado libro Els gitanos catalans de França (Pagès Editors, 2016), donde cita precisamente como gitano catalanoparlante el caso de Manitas de Plata.

Picasso observa Manitas de Plata. Foto: Lucien Clergue.

Volviendo a la narración de Palau, la velada tuvo rasgos surrealistas desde el comienzo. Tras el abrazo, Picasso le dice a Manitas:

– ¿Dónde has dejado la guitarra?

-La tengo en el coche.

-Ya estás yendo a buscarla.

Mientras Manitas iba a buscar la guitarra, Clergue explicó a Picasso los éxitos profesionales del guitarrista en todo el mundo, pero también lo pone al día de sus conquistas amorosas, concretamente en un barco y en Inglaterra. Esto nos cuadra con la fama de mujeriego de Manitas, de quien sabemos que tuvo hasta trece hijos reconocidos y, según la leyenda, una treintena aún pendientes de reconocimiento. Según Palau, durante aquella velada Manitas tocó una rumba catalana en su honor, y unas malagueñas dedicadas al artista. Picasso, que no había tenido un buen día, se iba animando y salió a buscar una botella de Tío Pepe que personalmente sirvió a todos los que estaban en el domicilio.

Al margen de los citados, estaba también su esposa Jacqueline, el grabador Aldo Crommelinck y el arquitecto estadounidense William Hartmann, entre otros. El relato de Palau se completa documentalmente con el reportaje fotográfico que hizo Clergue de ese día. Algunas de estas fotografías han sido reproducidas en la nueva y magnífica edición del Estimat Picasso de Palau i Fabre, a cargo de Julià Guillamon (Galaxia Gutenberg y Fundació Palau, 2019). Es una edición hecha con un gran cuidado, por lo que completa las elisiones textuales de Palau y documenta gráficamente –ya sea con obras y documentos diversos– aquellos episodios que Palau narra en el libro, como es el caso de la visita de Manitas. Si este dietario ya era buena literatura –que aparentemente habla de Picasso, pero sobre todo nos revela un Palau obsesivo–, esta edición le sitúa en una nueva dimensión.

Picasso firmando la guitarra de Manitas, mientras el guitarrista se lo mira. 1968. Foto: Lucien Clergue.

Entre las fotografías que realizó Clergue ese día, destaca la serie donde se ve a Picasso firmando la guitarra a Manitas. Mientras el pintor firma la guitarra, Manitas observa atentamente como se revaloriza su instrumento. Con una especie de gubia hace un surco para eliminar el barniz que dificultaba la fijación de la firma. Sobre este surco Picasso aplicaría la tinta que, de este modo, quedó perfectamente fijada.

Si esta anécdota festiva podría dar a entender que un Picasso ya viejo había bajado su ritmo de trabajo, era todo lo contrario. Si nos fijamos en sólo un día, el de la visita de Palau i Fabre (31 de mayo de 1968), la velada de las malagueñas, las rumbas y el Tio Pepe, resulta que Picasso realizó, ni más ni menos, que un mínimo de tres grabados para La Celestina. Se trata de una serie de 66 ilustraciones libres de la novela de Fernando de Rojas que integran la penúltima gran serie de grabados que realizó Picasso, la Suite 347. De hecho, se titula Suite 347 porque este es el número de grabados que integra la serie, una auténtica barbaridad si tenemos en cuenta que los hizo en menos de siete meses (entre el 16 de marzo y el 5 de octubre de 1968), al tiempo que realizaba muchas otras obras, entre ellas pinturas de gran formato. Quizás ese día hiciera alguna obra más –el confinamiento no me permite una documentación más estricta–, pero si sólo fuera eso ya sería extraordinario para un hombre de unos 86 años. Además, hay que tener en cuenta que, como era costumbre en él, habría recibido la visita hacia las cinco de la tarde, hora taurina como le gustaba recordar.

Portada del disco Hommages de Manitas de Plata, protagonizada por el guitarrista y por Brigitte Bardot. Foto: Lucien Clergue.

La carrera de Manitas fue meteórica, pero todo empezó con una grabación de 1955 que le realizó el polifacético productor bengalí Deben Bhattacharya en las Santas Marías de la Mar. En su libro, Eugeni Casanova detalla los primeros discos de Manitas, vinculados a los encuentros de músicos gitanos de las Santas Marías del Mar, que pronto atrajeron a las empresas discográficas. Pero su consagración definitiva llegó cuando actuó en el Carnegie Hall de Nueva York en 1965, donde volvió en varias ocasiones. Según Clergue, él fue el intermediario entre Manitas y el productor estadounidense Alan Silver, que le abriría las puertas de los escenarios estadounidenses. A partir de aquellos recitales en Nueva York, Manitas empezó a actuar en algunos de los escenarios más importantes del mundo y se convirtió en uno de los gitanos más conocidos del planeta.

Su figura alcanzó carácter simbólico cuando convenció el secretario general de las Naciones Unidas –el birmano U Thant–, de crear una representación permanente del mundo gitano. La fama le llevó a contactar con personalidades relevantes de su tiempo como Charles Chaplin o Brigitte Bardot, entre muchas otras. Bardot incluso protagonizaría la portada de su disco Hommages donde, de nuevo Clergue, la retrata embelesada mientras observa cómo Manitas toca la guitarra. Picasso no fue la única personalidad que tuneó la guitarra de Manitas, también lo hicieron otros artistas como Salvador Dalí, con quien también se relacionó.

 

No es el motivo de este texto, pero la relación de Manitas con Dalí daría para otro artículo como este. Entre los momentos más interesantes de su relación, al menos desde la óptica artística, sobresale la performance que protagonizaron ambos en 1965. Nos ha llegado la grabación del espectáculo, que se desarrolla en la Gallery of Modern Art de Nueva York, donde se puede ver a Manitas tocando la guitarra y a su primo José Reyes cantando mientras Dalí pinta sobre un lienzo al ritmo de la música. Se da la circunstancia de que Manitas y Reyes son padres de los fundadores de los mundialmente conocidos Gipsy kings, el grupo francés de flamenco fusión que también ha vendido millones de discos en todo el mundo, con éxitos como Bamboleo, Djobi Djoba o Volare. Aunque el grupo ha ido variando y ha tenido escisiones, siempre ha estado integrado por hijos de Manitas (los Baliardo) e hijos de su primo José Reyes (los Reyes). Los líderes actuales de los originales Gispsy Kings son Nicolás Reyes y Tonino Baliardo.

Acto de inauguración del monumento a Manitas de Plata en Montpellier, 2017.

Después de haber saboreado la gloria, Manitas vivió los últimos años arruinado y enfermo. Para él ya había sido un gran golpe la muerte de su hermano Hippolyte en 2009 y poco después de uno de sus hijos. En una entrevista al diario La Depeche du Midi, a los 92 años, explicaba que «el dinero que ganaba me lo gastaba divirtiéndome y he dado a muchas personas de mi entorno, a gitanos como yo que eran pobres. Gracias a mí vivían muchas familias y a veces llegaba a pagar bodas o un entierro de primos lejanos o de gitanos que apenas conocía». En mayo de 2014 Manitas volvió a Les Saintes-Maries-de-la-Mer, tal y como hacía cada año desde hacía décadas, donde ya era recibido casi con tanta devoción como si fuera una más de las Santas del mar. Pero su salud ya no daba para más y en noviembre de ese mismo año moría en un hospital de Montpellier. Apenas diez días después, como una especie de azar, moría en Nimes Lucien Clergue. Amigo de Picasso, amante de los toros, nacido en Arles y muerto en Nimes, es del todo imposible tener mejor currículum taurino que Clergue. Tres años más tarde, en 2017, se erigió en Montpellier una estatua en honor a Manitas, y la inauguración resultó de lo más lucida, con gran presencia de la comunidad gitana.

 

Volviendo a la subasta de China, finalmente el lote del retrato de Manitas no se vendió. En realidad, el precio de salida era exagerado para una obra de esa naturaleza, más bien caricaturizante, pero sin duda valía mucho más que la miseria por la que la habría vendido Manitas, si es que fue él quien la vendió. Dada su actitud vital, más que el valor económico de la obra, él habría valorado que el pintor se la hubiera dedicado como amigo: «Para Manitas de Plata. Su amigo Picasso». En la misma entrevista le preguntaron qué había hecho con las obras que le habían regalado Picasso y Dalí: «No lo sé. Nunca las he encontrado. ¿Quizá me las robaron o las perdí? A mí me gustaban, pero yo nunca he considerado el arte como un valor de mercado. Debería haberlo hecho». Y es que Manitas fue un bohemio en todos los sentidos, desde que nació en una caravana de circo. Y de hecho vivió como tal, haciendo honor a la canción que popularizaron los hijos Baliardo y los sobrinos Reyes: «Bamboleo Bambolea, porque mi vida yo la prefiero vivir así…»