El fundamento de todo conocimiento (lo que los catalanes dicen: m’entens, oi?), que siempre es y será humano, sólo surge y sólo se encuentra en la trama (la red, la web) de las intencionalidades.

Lo que se ha hecho casi siempre es ir a buscarlo en los procedimientos, en las fórmulas prescritas, en los convencionalismos sociales, en las Gestalts que, dicen, ahora modernamente, son las estructuras por las que nos acercamos a lo que puedan ser las cosas que nos interesa desarrollar. Y no es así.

Pablo Picasso, Masacre en Corea, 1951. Musée national Picasso-Paris. Dation Pablo Picasso, 1979. MP203. RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

En la exposición Pablo Picasso, Paul Éluard. Una amistad sublime, muestra presentada en el Museo Picasso, de Barcelona, por, entre otros organismos y especialistas, su director Emmanuel Guigon, hay un inmenso caudal de pequeñas indicaciones, indicios, anunciamentos de como el cubismo, sin dejar de ser una preocupación de los maestros de la plástica, tiene, además, sus orígenes y gestación en lo más profundo de la esencia de cada persona, de cada individuo que crea el mundo que lo entorna desde sus reacciones ante lo que le ofrece la sociedad y la propia naturaleza.

Para la ocasión se nos muestran la trayectoria y vínculo entre dos personalidades bien concretas y en cantidad suficientemente demostradas que, sirviéndose de las libertades conquistadas y reconocidas aportadas por el surrealismo de André Breton, ambas, cada una siguiendo su camino y talante, desarrollarán los condicionantes creativos, mostrados en las nuevas expresiones tangibles, visuales y orales o poéticas que, ahora, se convierten en líderes de la modernidad.

Pablo Picasso, Retrato de Paul Éluard. 1936. Saint-Denis – musée d ́art et d ́histoire Paul Éluard. Saint-Denis. Foto: Irène Andréani. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

Picasso y Éluard son dos auténticos surrealistas: aceptan lo que viene directamente de lo que uno, como ser vital, vivo, siendo, experimenta, piensa y recuerda; todo ello envuelto de emociones, impulsos, afectos y todo el alboroto que se pueda producir dentro de un complejo que podemos denominar personalidad, conciencia o unidad indivisible que cada uno es en sí mismo; lo que antes, siempre, y ahora, llamamos «yo», que, haciendo un poco de filosofía clásica, es lo contrario del «no-yo», siendo este el mundo y la objetividad dura natural y social que nos recose.

Dora Maar, Picasso y Éluard en la entrada del Palacio Ideal del cartero Cheval, Hauterives,
1937. Saint-Denis – musée d’art et d’histoire Paul Éluard. © Dora Maar VEGAP, Barcelona 2019. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

¿Dónde encontraríamos las coincidencias íntimas, internas, creativas de estas dos personalidades tan fuertes que, sin embargo trabajan, en apariencia en dos áreas muy diferentes de la creatividad: el mundo concreto, táctil, visual de la plástica, que necesita, que exige, formas precisas; mientras que el otro, Éluard, se mueve en el mundo de los alientos, de las palabras, de los sobreentendidos, de los que lo máximo tangible que se puede desear es una escritura, unos rasgos lineales convencionales, la lectura cerebral de los cuales nos remite a un sentido íntimo de la persona, a una sensación emocional experimentada pero irrepresentable, sólo sentida. En todo caso, aquí encontraríamos la coincidencia intangible por uno y por el otro en los quehaceres diferenciados a los que se dedican como seres emocionales creativos de expresiones socialmente no funcionales.

Pablo Picasso, La mujer que llora,1937. Musée national Picasso-Paris. Dation Pablo Picasso, 1979. RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris). Jean- Gilles Berizzi. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

Picasso dice, en un momento dado, que si en lugar de ser culturalmente occidental fuera de raíz oriental –chino, dice expresamente–, con los mismos impulsos que lo mueven ahora, lo que haría sería dedicarse a la poesía que, en un ámbito de sensibilidad háptica (los sentidos inmediatos, directos, sin conceptualizar), el impulso, el pensamiento, el gesto y la intención coincidirían en una forma estrictamente y sólo expresiva, como la palabra: pura emisión (flatus, lo llamaron en el occidente medieval). Picasso es plástico seguramente por un exceso de exuberancia física natural (no en vano se ha acentuado en su vida y trayectoria personal el hecho de sus múltiples mujeres que, sin embargo, como se ha ido sabiendo posteriormente, a todas estimó como personas espirituales y que nunca, en las eventualidades sociales, abandonó manifiestamente ni negligentemente, si el rechazo no venía, también, de la parte contraria).

El poeta ya no habla, desde el surrealismo, según los preceptos sociales, sino que escribe en su actitud frente al mundo.

Pero la oportunidad de esta ocasión es encontrar en qué momentos de la relación creativa coinciden, por gusto manifiesto y afinidad selectividad, Picasso y Éluard. Y es que Picasso pinta de una manera insólita, que Éluard capta a continuación en los textos y comentarios que hace de la obra plástica del pintor. Así, el poema Noviembre de 1936 (ya en plena guerra civil española), que le dedica, escribe, en el último verso: Et donne à la raison des ailes vagabondes. Con esta captación de las formas plásticas de Picasso, Éluard se siente plenamente identificado porque a él también las palabras ya no le manan racionalmente sino emotivamente, comprometidas con su intimidad, con las personas y los acontecimientos brutales que golpean la sociedad occidental y , muy pronto, toda la sociedad mundial; y el poeta ya no habla, desde el surrealismo, según los preceptos sociales sino que escribe en su actitud frente al mundo. [Un inciso oportuno, que hay que remarcar, es que Bill Viola, artista audiovisual contemporáneo que trabaja con medios electrónicos, en sus experimentos expresivos nos ofrece imágenes que vibran con la intensidad que Picasso y Éluard mostraban sus nuevas propuestas representativas.]

Pablo Picasso, Busto de mujer con blusa amarilla, 1943. Fundación Suñol, Barcelona. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

En 1942, en una revista clandestina y ultra minoritaria –el nazismo lo ocupaba todo–, publicación titulada La conquête du monde par l’image (con ilustración de la célebre Cabeza de Toro, de Picasso), Éluard escribía:

Qu’est-ce que le sujet dans la peinture de Picasso? Un tableau noir où s’inscrivent ses désirs.

Qu’est-ce que la douleur picassienne? Une épée dont le pommeau est un poignard.

Le désespoir change en courant d’air

Y un poco antes Éluard se preguntaba: –¿Qué es la pintura de Picasso ?: La venganza de Guernica. –¿Qué es el heroísmo de Picasso?: El cigarrillo del condenado. –¿Qué es el realismo de Picasso?: El proceso que lleva de la chispa a la luz.

Pablo Picasso, Retrato d’Emilie Marguerite Walter, 1939. Colección privada. © Béatrice Hatala. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019.

Simultáneamente, Éluard –concretando, cosificando la palabra– escribía su poema LIBERTAD, en los cuadernos escolares, en los muros, en la corteza de los árboles, en todas las páginas de los libros, en la jungla y el desierto, en las armas de los guerreros, los cristales, en las carreteras, en la frente de los amigos…

Mientras Picasso volatilizaba Éluard solidificaba. Pero las palabras y las cosas eran a un tiempo denuncia, dolor, combate y alegría.

La exposición Pablo Picasso, Paul Éluard. Una amistad sublime se puede visitar en el Museo Picasso de Barcelona hasta el 15 de marzo de 2020.