Pierrette Gargallo era mucho más que la hija del gran escultor Pablo Gargallo. Aunque cumplió, con creces, con su «obligación» de velar por la memoria de su padre, Pierrette tenía personalidad propia y fue también escultora y dibujante, a parte de una de las personas más simpáticas que he conocido.

Fue muy amiga de mi padre, cuando yo todavía no había nacido, pero no la conocí a través de él. Cuando yo le hablaba de mi padre decía no recordarlo, pero a un amigo francés, que también lo era mío, le comentó que era muy guapo. Cosas de la vida.

Pierrette Gargallo en la playa de Tossa en 1945, con mi padre, Francesc Fontbona Vázquez, sentado, y mi tío Josep. Foto Jaume Pla.

Nacida en Barcelona en 1922 –poco antes de que sus padres se instalaran en Francia tras ser destituido Gargallo como profesor de la Escola Superior dels Bells Oficis, por la Dictadura de Primo de Rivera–, Pierrette ha muerto este mes de marzo en Issy-les-Moulineaux, cerca de Paris, su casa de muchos años. Ella fue siempre una persona a caballo entre varios países. Su padre mismo, había sido –entre muchas otras cosas– uno de los puntales del Noucentisme catalán, y en cambio oficialmente era aragonés, aunque de Maella, ciudad de la franja catalanoparlante de Aragón. Del mismo modo Pau Gargallo, radicado en París, sería un escultor de la Vanguardia internacional –quizás el primero–, y lo sería como «francés». Además, su matrimonio perpetuo con Magali Tartanson lo vinculaba para siempre, al igual que a Pierrette, la hija de ambos, vitalmente con Francia.

Pierrette pasó unos años de la inmediata posguerra en Cataluña, ya que en Francia se vivía la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, y en el Sur, el incómodo régimen títere de Vichy. Pasó veranos, con su madre, en Tossa, donde se relacionó con varios artistas que habían retomado en lo posible el cálido ambiente de aquella espléndida escuela de Tossa de los años veinte y treinta.

Catálogo de la primera individual de Pierrette Gargallo.

Formada con Josep Llorens Artigas, en Barcelona expuso individualmente en la Sala Argos, en 1943. mostró unas figulinas de gres, que tuvieron mucho éxito, aunque la misma Pierrette en su vejez las recordaba como cursis. De hecho, eran despreocupadamente delicadas. Hacía también unos dibujos finísimos, algo en la línea de Grau Sala, e ilustró algunas obras literarias, como las Faules que escribió el historiador Ferran Soldevila (Barcelona 1948), uno de esos libros que entonces eran medio clandestinos, por el solo hecho de estar publicados en catalán bajo el franquismo. Después, en las galerías Pictoria, expondría con J. Fin, Javier Vilató –los dos sobrinos de Picasso, otro gran amigo de Gargallo– y Alberto Fabra, en 1945, una monográfica de grabados, presentada por E.-C. Ricart, que ha quedado como un hito en el reencuentro de una cierta modernidad del arte catalán de la posguerra.

Cubierta de las Faules de Ferran Soldevila, ilustradas por Pierrette Gargallo (Barcelona 1948).

En 1947 se había instalado de nuevo en París, y luego se dedicó a ordenar y difundir la obra de su padre. Le organizó una retrospectiva en el Petit Palais el mismo 1947, y con los años publicaría el libro Pablo Gargallo (París, Société Internationale d’Art XXe Siècle, 1973), con texto de Pierre Courthion, su primera versión del catálogo razonado de la obra de su padre. La edición definitiva de aquel libro había de ser Pablo Gargallo. Catalogue raisonné (París, Éditions de l’Amateur, 1998), la mejor obra de referencia existente sobre el gran artista, con un catálogo completísimo y muy cuidadoso de la obra del escultor. También llevaría a cabo una tarea similar con los dibujos: Pablo Gargallo (1881-1934). Dibujos (Santander, Fundación Marcelino Botín, 2010), con texto de María José Salazar.

En 1985 impulsó la apertura de un museo monográfico dedicado a su padre en Zaragoza.

Realizó muchas otras acciones destacadas sobre la figura de su padre, como el libro, en colaboración con su hijo también escultor Jean Anguera, Gargallo (París, C. Martinez, 1979), y que prologó Jean Cassou. En 1985 impulsó la apertura de un museo monográfico dedicado a su padre en Zaragoza, una iniciativa muy interesante.

Con la Asociación de Bibliófilos de Barcelona preparó, en formato de libro de bibliófilo, una selección de Escrits d’art de su padre, partiendo de manuscritos inéditos del artista, en 2010, con texto introductorio y selección de Eliseu Trenc.

Pierrette Gargallo con su padre, en el taller del ceramista José Ugarte. Salvatierra, 1929.

Tenía muy clara la especificidad de la obra escultórica, tan diferente de la pictórica: el escultor no suele realizar piezas únicas, sino que las que elabora en barro o yeso, estando destinadas a ser fundidas en bronce o pasadas a piedra o mármol, y por ello cabe un corto tiraje para situarlas en más museos y colecciones que las obras únicas. Es lo que hizo con las piezas de su padre que no habían sido fundidas en vida: ella se preocupó de seriar de manera controlada, y así dar más visibilidad a la obra de Gargallo. Me animó a hacer lo mismo con las figuras de arcilla de mi tío abuelo Emili Fontbona, que había sido amigo de Gargallo también los primeros años del siglo XX. Decía que era la manera de que aquellas arcillas crudas, si algún día se deterioraban o se destruían fortuitamente, circularan también en bronce. Me la creí, pero no encontré el momento de ponerme manos a la obra, hasta que Joan Sabaté y Núria Gil Duran no me propusieron lo mismo que me había recomendado Pierrette, pero en este caso tirando ellos del carro.