En diez años, los miembros del Plenario del CoNCA han otorgado Premios Nacionales de Cultura a una amplia variedad de instituciones, gestores culturales y creadores pertenecientes a casi todas las disciplinas. Pero ningún equilibrio es perfecto.

Hace poco, pregunté a un miembro del Plenario del Consell de les Arts por qué no se había galardonado en todo este tiempo a ningún representante del mundo del videojuego.

Killsquad, 2019.

«Lo hemos estudiado, pero no nos ha convencido ninguna propuesta», respondió.

Me parece que no hizo los deberes. ¿Os podéis creer que la disciplina cultural catalana que ingresa más dinero, la que exporta más en todo el mundo, es la menos valorada por el mundo de la cultura institucional? ¿Cuándo llegarán los Premis Nacionals de Cultura a la gente del videojuego catalán? Un videojuego al nivel de la mejor literatura, música o artes plásticas actuales, hay que decir.

Como el CoNCA ha renovado el Plenario, me atreveré a sugerir los nombres que –y mira que era fácil– el antiguo Plenario podía haber consultado buscando en Google, leyendo el Llibre blanc de la indústria catalana del videojoc 2018, o preguntando a una de las tantas personas de este sector que, en nuestro país, da trabajo a miles de creadores cualificados y atrae inversiones y sedes de estudios multinacionales como Ubisoft, Gameloft, King, Scopely, Riot Games…

Commandos: Behind Enemy Lines, 1998.

¿Por dónde empezar? Veteranos. Gonzo Suárez (Barcelona, 1969) comenzó a programar juegos a los dieciséis años para la legendaria Opera Soft. En 1998 diseña y programa Commandos: Behind Enemy Lines. Es uno de los responsables de que el GAMELAB –un acontecimiento en el que los líderes del videojuego global imparten conferencias– se celebre en Barcelona.

Otro veterano, Enrique Álvarez, fundó en 2002 Mercury Steam. Ha creado juegos tan ambiciosos como Castlevania: Lords of Shadow (Konami, 2010) o Metroid: Samus Returns (Nintendo, 2017).

Castlevania: Lords of Shadow, 2010.

Estos dos pioneros tuvieron que trabajar en Madrid, sí. Toda la distribución estaba concentrada en la capital española. Pero a partir de 2007, con las tiendas en línea cambia el paradigma y emerge una escena independiente que, poco a poco, desplaza la cadena de valor. Barcelona, además, con el MWC, es una ciudad sexy para la industria del videojuego.

Invizimals, 2009.

Más veteranos: Daniel Sánchez-Crespo fundó en Barcelona el estudio Novarama en 2003. En 2009 publicó Invizimals, un videojuego para PSP -y su cámara- pionero en realidad aumentada. ¡Vendió un millón de copias! Invizimals se convirtió en una IP y tuvo más juegos, cromos, una serie anime… Novarama acaba de publicar Killsquad, un juego de acción de rol (ARPG) cooperativo que se puede comprar en acceso anticipado en Steam. O sea, todavía no está terminado y ya se vende… La primera semana colocó 65.000 copias. Las previsiones son vender un millón y medio.

Koral, 2019.

Y si prefierís creadores más jóvenes, Carlos Coronado, fundador del estudio Pantumaka Barcelona, es autor de Mind: Path to Thalamus, un rompecabezas en primera persona, con adaptación para la realidad virtual, inspirado en el Land Art. Coronado acaba de publicar Koral, una oda a los fondos marinos.

Very Little Nightmares, 2019.

O los hermanos Marc y Xavi Terris (Alike Studio), creadores de juegos para móvil de una poética tan tierna y evocadora como Love you to Bits, Bring You Home o Very Little Nightmares, este último galardonado en los premios Gamelab 2019.

La lista seguiría, pero tampoco pienso hacerle los deberes al CoNCA… Eso sí, sugeriría que incorporen algún miembro de esta potente industria cultural al Plenario.