La institución, una de las más prestigiosas de Barcelona, ha presentado su programación para 2019. Es la primera que Marko Daniel, director desde enero de 2018, elabora de forma totalmente ajena a la gestión de Rosa María Malet, que estuvo al frente de la Fundación durante 37 años. Y la verdad es que ha sido una sorpresa…

Cumplió 40 años en 2016 y es mucho más que un centro dedicado a la difusión del arte contemporáneo que estudia y pone en valor el legado de Joan Miró. La Fundación Miró es un referente internacional, una embajadora consolidada de la oferta cultural de Barcelona y una visita obligada para muchos turistas españoles y extranjeros, de ahí que su programación tenga una especial repercusión e importancia y despierte cada año mucha expectativa.

Lina Bo y Carlo Pagani, Estudio del diseño de interior de una habitación infantil para la residencia Mondadori, 1945. © Instituto Lina Bo e P. M. Bardi.

La oferta de 2019 es correcta, pero no consigue generar aquel interés, curiosidad y admiración que suscitaron las propuestas de años anteriores, como la singular aproximación a la emergencia ecológica de Beehave o las grandes muestras sobre Miró, para citar un ejemplo reciente y otro más antiguo.

Es cierto que este año no toca una de las muestras principales, la del artista galardonado con el Premio Miró el año precedente, como han sido la de Pipilotti Rist, Roni Horn, Kader Attia o Ignasi Aballi, que inauguró la sala de exposiciones temporales en el primer piso en un retorno a la antigua logística de la Fundación, que según la opinión común ha favorecido la colección permanente en detrimento de las temporales.

Joan Miró, Sèrie Gaudí. Gaudí XX, 1979. Fundació Miró, Barcelona.

Sin embargo, esto forma parte del ritmo normal que marca el Premio desde 2007, un año se falla y otro se presenta la exposición del ganador, que por tanto es bienal. Lo que este año realmente se echa de menos es la que comúnmente se considera “la grande muestra de la Miró”, la propuesta estrella del programa. Esponsorizada desde hace 30 años por la Fundación BBVA, no es una exposición blockbuster, pero sí un evento capaz de atraer amplios segmentos de público, como fueron Ante el horizonte en 2013, Miró y el objeto en 2015 o Lee Miller y el surrealismo en Gran Bretaña en 2018

M. K. Ciurlionis, Fuga, 1908.

La de este año, Sound lines, dedicada al arte sonoro, a priori parece dirigida a sectores más concretos y reducidos, pese al interés del planteamiento: analizar las influencias cruzadas entre las artes visuales y la música a lo largo del siglo XX, para identificar la huella del elemento sonoro en las artes plásticas. Habrá que ver si el comisariado de Arnau Horta, uno de los mejores especialistas del sector en España, conseguirá sacar el arte sonoro de su nicho, abriéndolo al gran público.

Lina Bo Bardi, Passeio Público Park, Rio de Janeiro, 1946. © Instituto Lina Bo e P. M. Bardi.

Considerando que, de los 350.000 visitantes anuales aproximados, más del 75% son internacionales, tampoco la muestra central de la temporada parece capaz de convertirse en el aliciente de un viaje a Barcelona. Patrocinada por la Fundación Banc Sabadell, aborda la obra de la ítalo-brasileña Lina Bo Bardi, según muchos la arquitecta más relevante del siglo XX, personaje sin duda interesante del que queda mucho por descubrir, pero incapaz de generar pasiones en un amplio abanico de visitantes como demostraron las numerosas iniciativas organizadas en 2014 para el centenario de su nacimiento, que la descubrieron al gran público. La muestra de la Miró, comisariada por Zeuler Rocha Lima propone una selección de dibujos que pretenden demostrar cómo esta disciplina fue determinante en la materialización de la singular creatividad de Bo Bardi.

Joan Miró, Hort amb ase, 1918. Fundació Joan Miró, Barcelona.

Los dibujos y el concepto de diálogo articulan también las otras dos propuestas, ambas para el verano: la primera plasma la relación entre Antoni Llena y la obra de Miró y la segunda presenta una serie de grabados de los años 70 que testimonian la admiración de Miró por Gaudí. Completan la oferta, el Espai 13 que en los últimos tres años ha mantenido una línea curatorial muy similar y la presentación de la obra que la vietnamita Thao Nguyen Phan está produciendo gracias al premio que otorgan la Fundación Han Nefkens y la feria de videoarte Loop.

Lo dicho, un programa correcto, pero no apasionante.

Como novedad, los visitantes podrán asistir en directo a la restauración del gigantesco tapiz de una tonelada de peso, que cuelga desde 1979 en la sala central de la planta baja. La manutención del dorso, que se realiza por primera vez, se llevará a cabo in situ, cumpliendo así (¡después de 40 años!) uno de los deseos de Miró: presentar el tapiz como una escultura, para que el visitante pueda circular a su alrededor y experimentar su dimensión matérica.

Joan Miró, Tapís de la Fundació, 1979. Fundació Joan Miró, Barcelona.

Lo dicho, un programa correcto, pero no apasionante, incluso algo decepcionante si consideramos que en los últimos tiempos de Rosa María Malet en la dirección, se escucharon críticas auspiciando un cambio que insuflara nueva energía en la Fundación. Malet ha dejado el testigo a dos excelentes profesionales, Martina Millá que ha dado prueba de su buen hacer en múltiples ocasiones desde que fue nombrada jefa de exposiciones en 2007 y Marko Daniel, cuya competencia y capacidad están fuera de toda duda, aunque desde su llegada a Barcelona parece haber perdido algo del empuje de su etapa como jefe de programas públicos en las Tate de Londres.

Las aportaciones económicas no han bajado, se mantienen los 8 millones de euros, el 30% de los cuales (casi dos millones y medio, sin tener en cuenta los gastos estructurales, es decir un presupuesto parecido al del Museo Nacional de Arte de Cataluña) se destina a las exposiciones. Lo que sí va bajando son los visitantes, aunque no de forma preocupante por el momento: algo más del 7% en 2018 y el 10% en 2017, aunque se debe tener en cuenta que 2016 fue el 40 aniversario de la Fundación con el lógico incremento de público que implica una efeméride de este tipo. Si bien es cierto que una bajada análoga se ha experimentado en otros centros, también los hay que han incrementado notablemente sus visitantes como el Palau de la Virreina desde que lo dirige Valentín Roma.