Cuatro apuntes, extraídos del dietario inédito de Rafael Santos Torroella, aportan algunas luces a la historia de la participación española en la Triennale di Milano de 1951.

Recientemente, el historiador Oriol Pibernat ha editado el libro colectivo Diseño y franquismo. Dificultades y paradojas de la modernización en España (editorial Experimenta), de cuyo capítulo dedicado a la trienal es autor.

Pabellón español en la Triennale di Milano (1951), diseñado por el arquitecto José Antonio Coderch, y comisariado por el crítico de arte Rafael Santos Torroella.

Pibernat sostiene que la exposición de artistas como Joan Miró, Ángel Ferrant, Jorge Oteiza, Josep Llorens Artigas, e incluso de un libro con un poema de Federico García Lorca –asesinado por los fascistas– ilustrado por Josep Guinovart, en el certamen internacional de Milán, ayudó a lavar la cara al régimen franquista.

La realidad es mucho más compleja. Rafael Santos Torroella, comisario de cultura en el ejército republicano, fue duramente represaliado –condenado a muerte, lo salvó su amigo Antonio Tovar–, y tenía, entre otras limitaciones, abandonar el país. Lo conseguirá gracias al periodista y crítico literario Juan Ramon Masoliver.

El original de este dietario está redactado en castellano. La introducción y algunas breves notas aclaratorias –entre corchetes– son de Ricard Mas.

1951.05.04. Barcelona

Al mediodía salimos de Barcelona en dirección a Italia. Vamos M. [Maite Bermejo, esposa de Rafael Santos Torroella] y yo en compañía de J.R. Masoliver. A última hora, cuando ya lo daba todo por imposible, ayer, siempre ayudado por Masoliver, conseguí mi pasaporte y los visados de Francia e Italia. Leonori me facilitó unas liras, muy pocas (1.500) y unos dólares (50). [El pintor Josep] Guinovart estuvo hasta el último momento con nosotros, yendo a despedirnos a la estación.

En la estación de Figueras no estaban mis hermanos, a quienes avisé, por haber llegado tarde el telegrama y estar el pueblo en fiesta. Encontramos a Angelita [la pintora Ángeles Santos] y al niño [el futuro pintor Julián Grau Santos], que hicieron con nosotros el trayecto hasta Portbou, donde bajamos al pueblo para ver el piso que Angelita le ha alquilado a tía Adela en la casa que fue de mis abuelos y que ésta ha reconstruido. Pero no es ni con mucho la de antes.

De vuelta en la estación encontramos a Víctor en cuya compañía vamos a Cerbère. Al pisar suelo francés, me pongo a tararear por lo bajo “La Internacional”, pero Masoliver, que lo advierte, me para los pies y me recrimina por ello… Sin duda, no ha podido contener las veleidades falangistas que, aunque ahora cautamente las disimule, sigue llevando dentro… Debe de haberse olvidado de la foto que me regaló –y que conservo– en la que aparece muy a lo compañero de viaje de la Falange, junto al fallecido Eugenio Nadal, del cual era muy amigo. […]

1951.05.05

Dormimos hasta Marsella, donde llegamos a poco de amanecer. A partir de entonces, todo el paisaje que recorremos será una maravilla: verdores suaves, jugosos, de vegetación incesante, continua, a un lado; al otro, el mar siempre, en bahías de curva prolongada, o en ensenadas breves. Masoliver me exalta la belleza de este paisaje. Tiene razón, pero yo sigo prefiriendo nuestra Costa Brava, más dura, más incómoda, pero también más intensa, menos fatigosa de huellas humanas que aquí deben de hacer casi irrespirable la atmósfera. Se encuentra uno más a sí mismo, se vive más en la seguridad de la propia conciencia de las cosas y del propio vivir en la incivilidad de la naturaleza, allí donde ésta es más libre también, menos dominada. […]

Cerca del anochecer llegamos a Milán, contra la que me han predispuesto algunas frases de nuestros compañeros de viaje. Según Masoliver viene a ser la Barcelona de Italia.

¡Y yo no tengo un céntimo!

No encontramos a [el arquitecto José Antonio] Coderch en la estación, cosa que me disgusta. Después resultó que sí había estado en compañía de su mujer, pero que no nos encontraron.

Malas impresiones de la Triennale: no ha llegado el dinero, no ha llegado el camión, todo marcha con lentitud…y lo que peor me sabe, que, curándose en salud, Coderch, a cuya instigación y para ayudarle he venido, me diga: -Intentaré que se te pague el viaje. Así, como una aventura, como una posibilidad remota. ¡Y yo no tengo un céntimo!

1951.05.06. Milán

Anoche mismo recorrí Milán con Masoliver, tras haber cenado en una trattoria cerca del Duomo.

Todo me gusta ahora: la ciudad, la gente, la comida, los vinos. Vengo predispuesto a la admiración y al entusiasmo (cosa frecuente en mí). Tal vez un mayor conocimiento despierte en mí el sentido crítico que ahora, nada más llegar y en la noche, me falta. Mi primera impresión es la de que aquí la vida es menos dura que entre nosotros. El italiano me parece, por lo poco que llevo visto, despierto, locuaz, dinámico, acaso más gozador de la vida, no tan fácil a la renuncia de ciertos dones de ésta, que nosotros. Pero en el fondo, creo que es el pueblo al que los españoles nos parecemos más.

1951.05.12. Milán

Hoy se inaugura la Triennale. José Antonio [Coderch] y yo nos pasamos allí toda esta noche, a ratos acompañados por el astuto y pintoresco Piccino. Nos fuimos a desayunar después, ya en compañía de Ana María [Coderch] y de Maite, al bar de la estación. Andábamos, un tanto cariacontecidos, hartos de Triennale –la maledetta triennale, que dice la hija del arquitecto [Gio] Ponti–, en el fondo, más que por el retraso en llegar el dinero, por que no nos gusta demasiado cómo han quedado las cosas. Claro que el ridículo papel que hacemos con nuestra pobreza de medios nos quita todo estímulo.

Como yo ando receloso y con disgusto, no comparezco a la hora de la inauguración. Lo haré por la tarde, después de visitar [la galería] Il Milione y la colección Faroldi en compañía de Attilio Rossi y de Masoliver. En Il Milione, llegamos a un acuerdo con [Peppino] Ghiringhelli de representación recíproca de nuestras ediciones [Cobalto]. La colección Faroldi, formada bajo la dirección de un hermano de Ghiringhelli, contiene muy buenos ejemplares de arte contemporáneo, especialmente italiano desde el futurismo. Seurat, Gauguin, Picasso, Rousseau, Klee, Braque, Chagall, Roualt, etc.