“Las plazas, nuestras paletas / las calles, nuestros pinceles”. Buena parte del constructivismo ruso se inspiró en esta declaración de Vladímir Maiakovski, conocido como el poeta de la revolución.

Mirada en conjunto, la producción de carteles y fotomontajes firmada por Josep Renau durante casi seis décadas –desde que, con dieciocho años, ganó un premio de cartelismo, hasta su muerte, a los setenta y cinco años, en el Berlín comunista– muestra una fidelidad extrema a una decisión de vida: la necesidad de poner el arte al servicio de la transformación social.

Renau, El comisario, nervio de nuestro ejército popular, 1936. © Fundació Josep Renau.

De hecho, el gran referente que recorre la obra de Renau es la vanguardia rusa y el constructivismo, este movimiento artístico surgido con la revolución de 1917. Renau. El combate por una nueva cultura, comisariada por Juan Vicente Aliaga y que se puede ver en el Born Centre de Cultura i Memòria, muestra más de 100 piezas, entre carteles, murales, fotomontajes, libros y publicaciones del fondo Renau del IVAM de Valencia –un fondo de 400 obras y 26.000 documentos adquirido hace un año– y de otras colecciones.

Renau, Las Arenas. Balneario. Piscina luminosa. Valencia, 1932. © Fundació Josep Renau.

Fiel a esta decisión final, los carteles y murales de gran tamaño de Renau, como se muestran en la exposición, permiten recorrer los grandes errores del siglo XX, desde los fascismos de los años veinte y treinta, hasta el exilio europeo, el fracaso del comunismo y la expansión del capitalismo como único modelo de vida. Un trayecto visual vinculado, inevitablemente, a su biografía.

Renau, Industria de guerra, Partido Comunista, potente palanca de la victoria, 1936. © Fundació Josep Renau.

Si bien el Renau más joven dialoga con el esteticismo déco, su afiliación al Partido Comunista, en 1931, marca un inicio. Desde entonces, Renau pone su gran capacidad de síntesis comunicativa al servicio de la Segunda República. Poniendo imagen a las campañas de la UGT, al reclutamiento de soldados para aplastar el fascismo o a los campesinos para la revolución. ¿Quién no identifica sus puños alzados y los rostros de aviadores victoriosos en rojo y en negro? La implicación de Renau con el republicanismo y la revolución social es absoluta: convenciendo Picasso que participe en el Pabellón de la República de 1937 en París, velando la elaboración del Guernica a través de las fotografías que le envía Dora Maar, editando la revista de ensayo Nueva cultura y organizando el dispositivo de salvaguarda del patrimonio artístico del país.

Renau, Peace is with them…, serie The American Way of Life, 1956. © Fundació Josep Renau.

Pero la muestra incorpora también el cartelismo del exilio mexicano durante el gobierno de Lázaro Cárdenas y en los años posteriores. Renau, que a principios de 1939 cruza la frontera e ingresa en el campo de Argelers, en junio llega a Méjico con Manuela Ballester, pintora, ilustradora, poeta y comunista, y sus dos primeros hijos. Se quedarán en este país veinte años. De Méjico es una larga serie de carteles publicitarios y de películas que les aseguran la subsistencia.

Renau no vuelve a España en vida de Franco.

La ideología política de Renau es ya, en estos años, claramente pro-soviética. De ahí que, cuando en 1958, es agredido en más de una ocasión –parece que los servicios de inteligencia estadounidenses intentan atropellarlo un par de veces–, decide trasladarse a la República Democrática Alemana, donde permanecerá casi veinticinco años.

Renau, El futuro trabajador del comunismo (esbozo n.3 para un mural), 1969. © Fundació Josep Renau.

Es en Méjico donde, a raíz de la proximidad y la influencia de la cultura estadounidense, inicia la conocida serie de fotomontajes The American Way of Life. En ella combina una técnica innovadora y pionera de fotomontaje con una crítica feroz al consumismo y al capitalismo americano en el momento fuerte de la guerra fría. Racismo, imperialismo, discriminación de género… con un lenguaje formal muy elaborado, Renau produce una serie de carteles extraordinarios sobre la sociedad americana como productora de violencia. Colores intensos, iconos muy connotados, contrastes visuales, distorsiones y todas las contradicciones del imperialismo americano. La larga serie de carteles anticapitalista de Renau no tiene nada que envidiar a artistas emblemáticos del pop como el mismo Richard Hamilton. Una serie que, a ojos de hoy, es de una actualidad alarmante.

Renau, Beautiful, serie The American Way of Life, 1963. © Fundació Josep Renau.

Renau no vuelve a España en vida de Franco. No es hasta 1976 cuando regresa a Valencia, donde intenta establecerse sin éxito. Morirá en Berlín, donde seguirá trabajando como cartelista y donde empezará un trabajo de fotografía y de desnudos femeninos fiel a las vanguardias de los años veinte y treinta. En 1974, refiriéndose a su juventud, escribe: “Comprendí, fascinado, que mi arte podía ser un arma poderosa de lucha, que también como artista podía contribuir a la transformación revolucionaria de la realidad social que me rodeaba.» Con una obra ingente, su fidelidad a esta certeza es de una coherencia extrema.

La exposición Renau. El combat per una nova cultura se puede visitar en el Born CCM, Barcelona, hasta el 13 de octubre.