Un interesante ensayo, en formato exposición, aborda las emociones a través del arte occidental ¿Sentimos lo mismo ahora que hace quinientos años? ¿Puede el arte mentir y ser, al mismo tiempo, sincero?

¿Recordáis la última vez que reísteis o llorasteis en el cine? Pues aquello que experimentasteis entonces fue fabricado por uno o varios creadores, con un objetivo muy concreto: transmitir un mensaje a través de la emoción.

Anónimo. Castilla, Plañidores, c. 1295. MNAC. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona © Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, 2019.

De esto va, y de muchas otras cosas, la exposición Poéticas de la emoción, comisariada por Érika Goyarrola en CaixaForum Barcelona. Cuarenta y cuatro obras de arte que pertenecen, básicamente, a tres períodos cronológicos: la Edad Media, el paso del siglo XIX al XX, y del último tercio del siglo XX a la actualidad. Obras reunidas en torno a tres grandes temas: la muerte (a través de la iconografía religiosa de origen medieval), la celebración colectiva (fiestas y manifestaciones), y el paisaje como expresión del yo interior.

Perejaume, Paisaje 17, 1985. Col·lecció ”la Caixa” d’Art Contemporani © Perejaume, VEGAP, Barcelona, 2019.

Se trata de piezas procedentes de fondos tan variados como la Colección “la Caixa” de arte Contemporáneo, el MNAC, el MACBA, la Fundación Joan Miró, el museo Es Baluard de Palma o el Museo Nacional de Escultura, de Valladolid, entre otros. Y de autores en apariencia tan inconexos como Bill Viola, Manolo Millares, Shirin Neshat, Julio González, Joan Miró, Darío de Regoyos, Perejaume, Gina Pane, Joaquim Mir, Pipilotti Rist, Günther Förg o Colita…

Gina Pane, Action Psyché, 1974. Col·lecció MACBA. Consorci MACBA © Gina Pane, VEGAP, Barcelona, 2019.

A primera vista puede parecer una de esas “exposiciones de tesis” que últimamente abundan. Nada más lejos de la realidad. Aquí, la “tesis” es una sencilla invitación a participar a través de un elemento tan común como las emociones, en la dinámica, en las poéticas del arte.

Se pueden tener más o menos conocimientos sobre arte. Pero todo el mundo siente emociones, respuestas neuroquímicas y hormonales que nos predisponen a reaccionar de determinada manera a un estímulo, externo –algo que percibimos– o interno –un recuerdo–. Y todas las emociones mostradas en la exposición son reconocibles por el espectador.

Bas Jan Ader, I’m Too Sad to Tell You, 1971. Courtesy of The Estate of Bas Jan Ader, Mary Sue Ader Andersen I Meliksetian | Briggs © The Estate of Bas Jan Ader / Mary Sue Ader Andersen / The Artists Rights Society (ARS), Nova York / VEGAP, Barcelona, 2019. Gentilesa de Meliksetian / Briggs, Los Angeles.

Poéticas de la emoción es, más allá de la propuesta del título, una invitación a vivir el arte, y a aprender; del arte y de nosotros mismos. Cada obra está acompañada de un texto explicativo. Se trata de escritos breves, bastante bien redactados como para que sean asimilados por cualquier visitante, con información básica para comprender la obra y su contexto ¿Evidente? Pues no es muy habitual en otras instituciones barcelonesas donde se expone arte.

Bill Viola, The Silent Sea, 2002 © Bill Viola. Fotografia de Kira Perov.

Puestos a hacer comparaciones, hay un diálogo fantástico entre dos piezas separadas por setecientos años y pico, a la entrada de la exposición, que llamará inmediatamente la atención del visitante: la pintura gótica Plañideras (1295), lateral de madera del sarcófago de Sancho Sánchez Carrillo y de su esposa Juana, procedente de la iglesia de San Andrés de Mahamud (Burgos), junto al vídeo The Silent Sea (2002), de Bill Viola. Las plañideras de un cortejo fúnebre, gente que se arranca los cabellos y se araña la cara en señal de duelo, por un lado. Y, por el otro, nueve actores que representan, cada uno de manera individual y en silencio, diferentes emociones: pena, ira, miedo… Fondo negro, luz teatral, cámara lenta, una recreación de la iconografía del drama tan presente en escenas religiosas tradicionales como el Calvario, el descendimiento de la Cruz o la Pietà.

¿Es lícito sentir placer estético ante el dolor “de verdad”?

Precisamente, la Pietà es una de las composiciones más recreadas por el arte contemporáneo. Y es que el dolor por la pérdida de un hijo es una tragedia conmovedora, universal. Una funcional Piedad (c. 1850) de Ramon Padró Pijoan contrasta con Funeral en Kosovo (1998) del fotoperiodista Enric Folgosa Martí. Una imagen tan estética y, al mismo tiempo, real –sin actores ni modelos– nos hace plantear los límites de lo que podemos compartir ¿Es lícito sentir placer estético ante el dolor “de verdad”?

Joaquim Mir, Puesta de sol, c. 1903. Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma © Arxiu Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma. Fotografia de Joan-Ramon Bonet.

Pero no todo son figuras humanas –haciendo muecas y brazos en alto, para remarcar un estado de espíritu–; también hay emociones expresadas a través de la contemplación de la naturaleza, como el Paisatge 17 (1985), de Perejaume –una pieza que me hace pensar en una versión mediterránea de Rothko–, la sinfonía de colores, Posta de sol (1903) –que casi le cuesta la vida a un exaltado Joaquim Mir–; o el contundente díptico de bronce –Sin título (núm. 74/88) (1988)– de Günter Förg, que nos tienta a echarle mano. No os lo recomiendo, que conste.

¿Son universales, las emociones? ¿Leemos del mismo modo todas las obras de arte de esta exposición? Las formas perduran, como la iconografía, o la letra escrita. Pero… ¿y las emociones como el dolor, la muerte, e incluso el amor? ¿Es posible sentir lo mismo después de la liberación sexual, la seguridad social, el Ibuprofeno o el Prozac, que cuando estos avances y seguridades no existían?

La exposición Poéticas de la emoción se puede visitar en CaixaForum Barcelona hasta el 19 de mayo.