Vivimos en la era de las playlists y los tops 10. Cualquiera puede saber qué música escuchamos, qué series o películas miramos, qué nos gusta comer, incluso qué narrativa consumimos. Y estas listas nos descubren mundos más allá de nuestra propia burbuja.

Pero ¿qué pasa con la literatura artística? ¿Qué libros nos han marcado, a los que nos dedicamos al arte? ¿Qué lecturas nos definen, dan sentido, y nos alientan a ser mejores en nuestro oficio?

Robert Descharnes & Gilles Néret, Dalí. The Paintings.

Hemos preguntado a los amigos y colaboradores del Mirador de les Arts por los tres títulos que llevarían a una isla desierta. No es que queramos fabricar misántropos. La idea era que no pensaran mucho, que se dejaran guiar por la intuición, y que su subconsciente nos aconsejara nuevas e inspiradoras lecturas. ¡Viva el arte!

Josep Casamartina, historiador del arte

Uno serían los 4 volúmenes del Picasso del Palau i Fabre, y si, por un tema de peso, no pudiera embarcarlos, me llevaría el Picasso de la Taschen (de Carsten-Peter Warncke).

El segundo, quizás Amercian Sublime: Landscape Painting in the United States, 1820-1880, de Andrew Wilton y Tim Barringer, el catálogo de la Tate, sobre los paisajistas americanos del XIX. Y el tercero Hélion, de Henry-Claude Cousseau (Editon du Regard).

Francesc Fontbona, historiador del arte

Sens et destin de l’art, de René Huyghe, por cómo interpreta inteligentemente el arte en su historia a grandes rasgos. The history of Impressionnism de John Rewald, por cómo se sumerge en la historia de todo un movimiento a partir de todo tipo de documentos previamente localizados.

E Impresionismo/Simbolismo, de Rafael Benet, por como da a conocer la historia de la pintura de los siglos XIX y XX, gracias a un conocimiento mucho más amplio que el de cualquier otro sintetizador típico.

Montse Frisach, periodista cultural

La vida secreta de Salvador Dalí, de Salvador Dalí, porque me parece el libro de autoficción artística más divertido, sugerente y que da más información «escondida» sobre uno de mis artistas favoritos.

El conocimiento secreto, de David Hockney, por descubrirme los «secretos» de los antiguos maestros de la pintura de la mano de un pintor contemporáneo, y hacerme ver que la obra de un artista no pierde mérito ni valor por utilizar técnicas para acelerar y facilitar el proceso de trabajo. Y porque es una delicia hojear sus páginas ilustradas.

Siete días en el mundo del arte, de Sarah Thornton, un reportaje periodístico fantástico que explica cómo se interrelacionan todos los agentes del mundo del arte actual, desde el artista al galerista, pasando por las ferias y los museos. La red del arte, al descubierto. Me hubiera gustado escribirlo yo.

Ricard Mas, crítico de arte

Yo me llevaría Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento. Arte y experiencia en el Quatrocento, de Michael Baxandall, porque fue el primer libro sobre arte que me provocó un clic neuronal, y me ha servido de guía sobre cómo debería escribirse sobre arte. También me llevaría La pintura galante francesa en el siglo XVIII, de François y Jacques Gallo, porque me hizo soñar, y desear vivir en aquellos paraísos artificiales de Watteau y Fragonard. El arte también es evasión. Y Dalí. La obra pictórica, de Robert Descharnes y Gilles Néret, para tener un buen compendio de imágenes de mi artista preferido.

Víctor Ramírez Tur, historiador del arte

El primer libro al que volvería una y otra vez es Las ciudades invisibles de Italo Calvino, no sólo porque te permite ponerte en la piel de un explorador, sino porque los espacios que uno es invitado a recorrer son sobre todo espacios de afectos, de memoria y de historia. En segundo lugar, dada la soledad de la isla desierta y la necesidad de creatividad onanista, me llevaría el Manifiesto contrasexual de Paul Preciado, pues me permitió explorar las múltiples posibilidades sensuales que existen al margen de las convencionales -genitales- zonas erógenas. Y, finalmente, para disfrutar de la sal en la piel y del jugo de la fruta de la isla, me acompañaría cualquiera de los poemarios de Vicent Andrés Estellés.

Mariona Seguranyes, historiadora del arte

La elección de 3 libros de arte en una isla desierta la inicio con un volumen que me ha abierto puertas, Jean Clair, Malinconia: Motivos saturninos en el arte de entreguerras, que habla del arte que muestra la crisis del hombre moderno, quizá porque también habla de nuestra propia crisis como individuos del siglo XXI, que en principio ya hemos superado con la posmodernidad.

El segundo libro es El paisatgisme a Catalunya, de Francesc Fontbona, una obra pionera en la lectura de la pintura catalana a través del tratamiento del paisaje y que, de hecho, es una historia del arte catalán conectada al arte europeo.

Y el último, La vida secreta de Salvador Dalí, donde siempre que acudo encuentro nuevos detalles, nuevos elementos que permiten dar una nueva luz al pensamiento y la obra de Dalí, además de disfrutar extremadamente con su prosa lúcida, divertida y minuciosa en los detalles.