Seguimos con la lista de colaboradores del Mirador de les Arts que nos explican qué tres libros de arte se llevarían a una isla desierta.

La idea era que no pensaran mucho, que se dejaran guiar por la intuición, y que su subconsciente nos aconsejara nuevas e inspiradoras lecturas.

 

Manuel Vázquez Montalbán, Barcelones.

Nora Ancarola, artista

Finalmente, me he decidido a hacerlo de manera emocional e instintiva. Son los tres primeros libros que aparecen en mi horizonte mental, una de las tantas columnas que han construido mi imaginario y mis deseos como artista.

En primer lugar, Placer visual y cine narrativo (1975), de Laura Mulvey fue para mí un texto clave en tanto que me abrió la luz al movimiento feminista británico posterior a mayo del 68. La lectura que Mulvey realiza de las imágenes, las acciones y las historias nos demuestra cómo el patriarcado consolida sus ideales a través del cine y el arte. Como toda la obra de la autora, incorpora lecturas psicoanalíticas al pensamiento feminista.

El segundo libro es de Susan Sontag, Bajo el signo de saturno (1980); de este texto recuerdo especialmente el ensayo en relación a Antonin Artaud, donde reflexiona en torno a la compleja relación de algunos artistas entre obra y vida, entre destrucción del arte y locura. Recuerdo también la importancia que tuvo para mí la lectura de Sontag del arte fascista a través del análisis de la obra de Lenni Riefenstahl. Un arte que enfatiza el no-pensamiento y la exaltación de la muerte.

Finalmente, de G. Deleuze y F. Guattari Kafka por una literatura menor (1999). Siempre he pensado que la desterritorialización de la lengua es aplicable al lenguaje visual, al imaginario adquirido.

Los tres los he leído en castellano, no sé si están traducidos al catalán…

Ferran Garcia Sevilla, artista

Me temo que ya no quedan islas desiertas

las más remotas y lejos de los turistas están llenas de bípedos con flechas

y mala leche con razón

y te joderían las vacaciones atravesándote el cuello

me llevaría muchísimos libros

pero ninguno que hablara de arte

después de pensarlo tres segundos cogería:

Homero, La odisea.

Nietzsche, Así habló Zarathustra.

Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus.

De todos modos

una serpiente venenosa me dejaría tieso.

Buenas últimas vacaciones

si decides ir.

Oscar Guayabero, paradiseñador

Yo a una isla desierta me llevaría una guía de supervivencia, ya te digo. Pero si hablamos de tres libros que me gustaría tener cerca serían: El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov porque es una novela que cada vez que la leo me deja fascinado. Es como un juego donde cada lectura es una partida entre el texto y yo. También Noticias de ninguna parte de William Morris, porque me tiene atrapado el mundo ideal que nos propone Morris. Curiosamente, si el primero es una corrosiva crítica al comunismo de Stalin, el segundo dibuja un socialismo utópico. El tercero sería la reedición que ha hecho el Ayuntamiento del Barcelones de Manuel Vázquez Montalbán porque lo estoy leyendo ahora y no podría dejarlo sin terminar.

Francesc Torres, artista

The Structure of Art, de Jack Burnham. Es del ’71 y explica lo que está pasando ahora a caballo del estructuralismo y Duchamp. Man’s Rage for Chaos: Biology, Behavior and the Arts, de Morse Peckham. El título lo dice todo. Y Naked Artist, de Peter Fuller. Más sobre el tema de la relación entre biología y cultura (arte).

Cristina Masanés, periodista y escritora

En caso de marchar a una isla desierta, probablemente me llevaría el diccionario más grueso que se me permitiera: releyendo todas las palabras, reseguiría todas las cosas. Pero puestos a seleccionar libros sobre arte, tal vez serían éstos:

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos, de John Berger, porque cose como nadie el arte con la vida, el deseo y el poder de la palabra.

Sobre el dibujo, también de John Berger, porque te pone en el lugar de quien crea como quien vive. Las páginas sobre las pinturas rupestres de las cuevas de Chauvet me harían sentir menos sola.

Y un libro con imágenes, a poder ser con paisajes pintados en los siglos XIV y XV, por italianos o flamencos [desde Mirador de les Arts, sugerimos el Catalogue des Peintures flamendes et hollandaises du musée du Louvre].

Artur Ramon i Navarro, anticuario y ensayista de arte

Los tres libros que yo elegiría son: Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y esculturos italianos desde Cimabue a Nuestros tiempos, de Giorgio Vasari. Es la Biblia del arte antiguo, un diccionario de los artistas más relevantes del renacimiento, un atlas del arte al que siempre vuelvo en la edición italiana que perteneció a mi maestro, José Milicua.

Roberto Longhi, Piero della Francesca. La mejor monografía de Piero escrita por el escritor italiano, con D’Annunzio, más relevante del siglo XX. Un poema lleno de metáforas y analogías visuales, incomprensible que aún no esté traducido entre nosotros.

Y John Berger, Fama y soledad de Picasso. No me interesa demasiado Berger (me enerva Mirar) pero en este ensayo desmonta a Picasso, le desenmascara y vislumbras las debilidades del Minotauro.

Juan Bufill, poeta, fotógrafo y crítico de arte

Como futuro miembro fundador del Club de Enemigos de Marie Kondo y como ser humano bendecido por un síndrome de Diógenes entre leve y preocupante, debo decir que escoger sólo tres libros de arte de los miles y millares que tengo y disfruto, es algo que no sé si considerar como una exigencia cruel o como un reto divertido. Bueno, ahí van:

El mundo del objeto a la luz del surrealismo, del barcelonés Juan-Eduardo Cirlot, poeta y pensador antes que crítico de arte. Especialmente inspirador y lúcido el apéndice que reflexiona sobre la visión surrealista erótica y la pornográfica. Y abre muchas puertas, por ejemplo, hacia La risa, de Henri Bergson, otro imprescindible. (Texto de 1953, edición ilustrada de Anthropos, 1986).

Teoría del arte moderno, de Paul Klee. También muy inspirador. Lo leí hacia el año 1979 o 1980 y me influyó mucho. Creo que también influyó a Michael Snow, en su trilogía de cine estructural. Ahora se encuentra una edición moderna, argentina.

Para el tercero dudo entre dos libros escritos por dos personas con el mismo apellido. La pequeña monografía Miró, escrita por el poeta Alain Jouffroy (F. Hazan, 1987), y el gran libro ilustrado Le jardin des délices de Jérôme Bosch, grandeur nature, de Jean Pierre Jouffroy (Hier et Demain, 1977). Este último reproducía a tamaño natural y con gran calidad todo el tríptico de El Bosco. Me lo recomendó el director cinematográfico Robert Bresson y en París no se encontraba, pero lo encontré en la librería Jaimes, de Barcelona.

Fiona Kelso, traductora de arte

Como traductora, estoy tan interesada por la palabra como por la imagen. O sea que mi selección es: Ways of Seeing, de John Berger. Este librito me resume la relación que existe entre imágenes, palabras e ideas. En realidad, también me gustaría llevarme el audio de Cadmium Red, de John Berger, sólo por su voz.

Joan Colom. Fotografies de Barcelona 1958-1964, de Joan Colom. Estas fotos jamás me abandonarán. Aparte de que cada una de las fotos es fantástica, representan la síntesis de la Barcelona que me precedió, antes de mi llegada al Chino en 1990.

Cartas a Theo, de Vincent van Gogh –sí, en español– fue un regalo de un amigo. Siempre he sentido una gran fascinación por la persona detrás del arte, y este libro no sólo complace mi curiosidad, sino que me hace sentir más cerca del artista.

Palabras y arte. Esa soy yo.