Mirar de verdad las obras de un museo no resulta fácil, normalmente las podemos ver un poco por encima, y sólo de lejos, como quien ve nubes, o un mar, o una constelación, o un geranio en el balcón de alguien.

Por eso tal vez será necesario un buen guía, un explicador que nos lo explique todo bien explicado, alguien con conocimientos de la historia y del arte, pero, sobre todo, alguien con poder de convicción, de seducción.

Sala femenina del Museu Marès. Foto: Museu Frederic Marès © Patrícia Bofill.

De modo que algunos museos han ido probando tretas para explicarse mejor, de manera más convincente. Han programado visitas nocturnas que estimulen el poder aventurero de los visitantes y su capacidad de autosugestión, quizás ayudados por la oscuridad. También han contratado actores para servirse también de las habilidades de la ficción, para que los visitantes puedan, si quieren, dejarse arrastrar por la fantasía que un personaje, directamente procedente del pasado, les otorgue el privilegio de una visita guiada.

Es desde esta perspectiva que el Museo Marès ha comenzado a organizar unas visitas guiadas por el poder evocador, transformador de la literatura. En esta ocasión no nos acompañan actores en el itinerario, sino la voz de algunos grandes escritores que vivieron en aquel tiempo que ya no volverá, del que sólo quedan algunas pocas muestras, algunos testimonios de vida y de arte como los que atesora orgullosamente el museo. La visita llamada Un museu de novel·la recorre el gabinete de curiosidades de la institución con la guía de algunos buenos fragmentos literarios de la época decimonónica o sobre aquella época. De la sencilla curiosidad, a veces, puede surgir el conocimiento, de la misma manera como de la modestia surge, tal vez, la cordura. Jacint Verdaguer lo llamaba “esa voz de los ausentes”, la voz de los que ya no están pero que es evidente que aún continúa aquí, la plasticidad y las ideas de una lengua literaria contemporánea a los objetos que miramos en el museo y que perduran como una evidencia del paso del tiempo sobre nosotros.

El Museo Marès es uno de los grandes tesoros de Cataluña, un acopio de piezas formidables que nos inquietan y nos fascinan.

Frederic Marès coleccionaba colecciones antiguas, preservaba objetos de la destrucción de la misma manera que la literatura mantiene vivo el pasado que no queremos que pase, que se vaya del todo. La Barcelona que se transforma con la Exposición universal de 1888, la de Pitarra, menestral y áspera, la de Guimerà dramática, las que llenaban todos los teatros de la ciudad, la de una burguesía catalana fabulosamente enriquecida durante el período que Narcís Oller denominó La fiebre de oro. La gran ciudad que sale de la asfixia de las murallas y crece imparable, la que retrata Joan Salvat-Papasseit, la del trabajo manual de los enjambres de mujeres que tejen sin descanso y la de las forjas abrasadoras que los hombres hacen repicar y humear. También la gente que fuma tabaco y aún consume rapé y se entusiasma por París como nos aseguran los libros de Santiago Rusiñol. La Barcelona en la que Josep Pla se hizo escritor, el hinterland de Marian Vayreda, Joaquim Ruyra y Prudenci Bertrana. La de la modernidad que, como en las novelas de Mercè Rodoreda, todo lo mira y todo lo quiere integrar.

El Museo Marès es uno de los grandes tesoros de Catalunya, un acopio de piezas formidables, de presencias que nos inquietan y nos fascinan cuanto más los miramos, como mejor los entendemos.

La actividad Un museu de novel·la. Passeig literari pel “museu sentimental” tendrá lugar el próximo sábado 21 de septiembre, a las 11 de la mañana, en el Museo Frederic Marès. Se precisa reserva previa. Cualquier grupo que lo desee, puede solicitar esta misma actividad en una fecha concertada, aquí.