En Cataluña, las galerías de arte producen cerca de 600 exposiciones al año. O sea, el 75% de las exposiciones de arte de todo el país.

Los periódicos nos hablan de exposiciones, sí, pero de las que tienen lugar en museos, fundaciones y salas institucionales. No os extrañe: las grandes instituciones públicas y privadas invierten mucho dinero en publicidad en prensa. Las galerías, en su inmensa dignidad, tienen otra escala y, también, otras prioridades de gasto.

Sala Parés, Barcelona.

Un amigo se me quejaba de que el Mirador de les Arts, en sus críticas de exposiciones, no incluía una ficha con el precio de la entrada a los museos y fundaciones. Se trata de un amigo que tiene trabajos muy precarios –¿quien no?–, que le gusta ir a ver exposiciones acompañado de su hijo y que, a menudo, no se puede permitir los ocho o diez euros que cuesta cada entrada.

Tiene razón. Sí. Pero yo le aconsejaría, por un lado, que se informe sobre si hay algún día en que tal o cual museo no cobre entrada. Hay bastantes casos, como las tardes del sábado en el MACBA –de 16 a 20 h.–, o los domingos a partir de las 15:00 en el MUHBA Plaça del Rei.

Y por otro, que visite galerías. No todas abren en sábado, que es el mejor día para dedicarse a ver arte. Pero la entrada es gratis y las propuestas de primer nivel.

Sólo en Barcelona hay cerca de 90 galerías de arte, la mayoría agrupadas en torno a dos entidades: el Gremi de Galeries d’Art de Catalunya, y la asociación Art Barcelona.

Las galerías ofrecen un servicio público cultural gratuito.

Un galerista es un emprendedor que arriesga su patrimonio en un mercado difícil, muy peculiar. Es galerista por vocación, tradición familiar, o todo a la vez. Hay negocios mucho más sencillos, rentables y seguros. El galerista vivo de vender arte, sí, pero ofrece un servicio público cultural gratuito a todo el mundo. Y si, ante una situación de crisis como la actual tiene que ganarse el pan yendo a tantas ferias internacionales que ya duerme más noches fuera que en casa, no se le caen los anillos. De rebote, está promocionando por todas partes el arte que se hace en Cataluña.

Un galerista no es un tendero cualquiera: crea un proyecto y se mantiene fiel. Esto significa defender una línea determinada, coherente, representada por una serie de artistas que tienen algo en común, y promocionar a estos creadores. Hay galerías que defienden el arte urbano, las hay que exponen pintura-pintura, que se han especializado en vanguardias históricas locales -o en modernismo-, también hay quien mezcla sabiamente exquisitas piezas centenarias con otras de creadores actuales; quien proclama la vertiente más espectacular de las últimas tendencias; y quien da voz a los creadores más críticos con las injusticias económicas y sociales.

Ha llovido mucho desde el 13 de marzo de 1877, cuando el marqués de Peñaplata, acompañado de un escuadrón de caballería y de una banda militar, inauguró una de las primeras salas de exposiciones de la Península: la Sala Parés. La Sala Parés no se ha movido de lugar y aún podemos visitarla de una manera muy parecida a como lo hacían nuestros tatarabuelos. Por el contrario, han ido desapareciendo espacios que dibujaron nuestra particular historia del arte, nombres como el de las galerías Laietanes, la Sala Dalmau, las dos Syra, la Sala Gaspar, la galería René Metras, Ciento… Es ley de vida. También han nacido nuevas galerías que darán sentido a nuestro tiempo, y que podemos descubrir hoy mismo si decidimos dar una vuelta.

Que no tengáis recursos, ni espacio, ni voluntad de comprar obras de arte no es obstáculo para que no visitéis galerías. Si queréis hacerlo fácil, en Barcelona podéis empezar por los alrededores de Consell de Cent y Enric Granados, o de la calle Trafalgar. E informaros consultando las ediciones en papel de revistas como Art Gallery Guide o BonArt. ¡Suerte!