Uno de los cuadros más famosos de Tiziano es Venus y Adonis, y tuvo tanto éxito ya en su época que él mismo realizó muchas réplicas, con mínimas variantes. En la obra, el artista no se centra en el mito evocado por Ovidio, si no que lo versiona libremente, y aún hoy no se sabe a ciencia cierta si fue de su propia invención.

En ella sintetiza unos estándares de comportamiento y de carácter opuesto, el masculino y el femenino, los cuales han impregnado la mayoría de las sociedades durante eras, siglos y siglos.

Palmira Puig-Giró, Palmira Puig y Marcel Giró. Cortesía RocioSantaCruz.

El Adonis tizianesco es un joven bastante cuadrado, en el sentido más estricto de la palabra, de cara redonda cubierta de rizos castaños, va descamisado, camina adelante con decisión tirado por tres corpulentos mastines. Venus, totalmente desnuda, coronada con trenzas doradas, está medio reclinada de espaldas y cruza su brazo derecho por el torso del chico con el fin de retenerlo. Se miran fijamente, pero él avanza casi arrastrándola porque ella no lo suelta a pesar de que los perros tiran fuerte. No se sabe si han hecho el amor… pero cabe suponerlo por la presencia del pequeño Cupido o Eros, que yace dormitando sobre el ramaje, a la izquierda del fondo de la escena. En el relato de Ovidio ella le advierte, inútilmente, del peligro que lo empujará fatídicamente a la muerte si se va de caza. Otra interpretación de la escena, aunque aquí no venga al caso, es que Adonis fuera gay y no le interesaran las señoras sexualmente.

Tiziano, Venere e Adone, 1554. Museo del Prado, Madrid.

Pero más allá de la belleza innegable de la obra, Adonis, el hombre, representa el movimiento, la decisión, el tirar adelante las cosas, y Venus, la mujer, la calma y la sensualidad. Él avanza y es inalcanzable, mientras que ella está relegada a retenerlo ofreciendo placer, en la mesa ya en la cama. Ya la Biblia, inicio de todas las desigualdades de género y del machismo más absoluto, comienza estableciendo, de entrada, el abismo entre los dos sexos, encumbrando el masculino y denigrando el femenino. Eva no es la costilla de Adán, porque de una costilla no sale nada más que un pedazo de magro con grasa, y no hay metáforas que valgan.

Los tres mastines se han convertido en un flamante y maravilloso Jaguar descapotable.

Casi quinientos años después de Tiziano, aparecen de nuevo Venus y Adonis, de la mano del Estudio Giró, en las afueras de Sao Paulo, en un doble autorretrato. Es hacia 1950, y todo parace haber cambiado de forma radical, al menos en ellos dos. Van en bañador, Adonis continúa siendo cuadrado, de gimnasio, al estilo de Physical Culture, y Venus está sentada a su lado, con una pierna replegada, y muy tranquila. Nadie retiene a nadie. Están contentos y se miran de cara. Los tres mastines se han convertido en un flamante y maravilloso Jaguar descapotable, modelo XK 120 Roadster, parado en la platja. No hay tensión de ningún tipo, y por el modelo de coche en el que están sentados, t también por su actitud distendida, a primera vista, para que las cosas les van muy bien. Eros/Cupido ya no se asoma, porque la pareja no precisa incentivo alguno.

Palmira Puig-Giró, Estudo, c. 1950. Cortesía RocioSantaCruz.

Marcel Giró, el Adonis de la foto, huyó de Catalunya al final de la Guerra Civil i se fue a Colombia. Palmira Puig, la Venus del jaguar, también de familia republicana, se reunió con él a la que pudo salir de España, después de ambos casarse por poderes, en 1943. De Colombia fueron al Brasil. Giró, badalonés como era, probó suerte en la industria textil, pero no le funcionó, y junto con Palmira montaron un estudio de fotografía publicitaria y comercial con el que se abrieron camino muy rápido, hasta convertirse en uno de los más relevantes del país. ¡De ahí vendría el jaguar! Hace dos años, la galería RocioSantaCruz presentó una magnífica exposición de la producción de Marcel Giró y fue una gran revelación. De hecho, desde 2011 la obra de Giró se ha ido vindicando, primero desde América del Sur, en el contexto de la revisión de la Escuela Paulista, pionera en la implantación de la modernidad en el Brasil en lo que atañe a la fotografía.

Palmira Puig-Giró, Sin título, c. 1950. Cortesía RocioSantaCruz.

A copia de ir estudiando y entrando a fondo en la obra de Marcel, ha aparecido la sorpresa, y es que Palmira era también autora de muchas obras que hasta entonces todo el mundo creía que eran de él, ya que cuando salían juntos a hacer fotos a menudo utilizaban la misma cámara y se la iban pasando con una extrema naturalidad. No parece que ni Marcel ni Palmira esperaran hacerse muy famosos con sus creaciones, exponían algunas de vez en cuando en colectivas del Cine Club Bandeirante, del cual eran miembros los dos, y continuaban trabajando. Tampoco parece que hubiera entre ellos dos ningún tipo de competencia ni relación de superioridad. Colaboraban y desarrollaban juntos una obra creativa y a la vez un negocio que les funcionaba estupendamente. Y si en 2017 Rocío Santa Cruz nos dio a conocer mejor la impecable y exquisita producción fotográfica de Marcel, ahora nos brinda la oportunidad de acercarnos a la de la Palmira que tanto tiene que ver con aquella, y es tan espléndida, que quizás llegará el día en que una y otra se conocerán como Estudi Giró, pura y simplemente, porque ya no será preciso separarlas.

La exposición Palmira Puig-Giró, fotógrafa se puede visitar en la galería RocioSantaCruz, de Barcelona, hasta el 16 de marzo de 2019.